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LOS PLACERES DE LA CARNE

Una noche después del trabajo, luego de cenar copiosamente, me dirigí a la cama para platicar con mi esposa mientras mirábamos la televisión. Me senté al borde de la cama y me incliné para desamarrarme las agujetas de los zapatos. En ese momento un trago ácido subió por el esófago y me sorprendió justo cuando empezaba a inhalar, quemándome la garganta y la epiglotis. Me enderecé rápidamente. Sabía que algo malo pasaba cuando intenté hablar y solo me salió un hilo de voz, pero un segundo después no pude respirar. Abrí la boca tratando de “jalar” aire, pero este se negaba a entrar. Supongo que tenía los ojos tan abiertos como mi boca, porque mi esposa empezó a mirarme con atención y curiosidad primero, y con miedo después. Yo parecía pescado, con la boca abierta y tratando inútilmente de respirar. Supongo que pasaron 3 o 4 segundos cuando el pensamiento de una muerte inminente se hizo conciente, abriendose paso desde lo profundo de mi ser. Olivia, mi esposa, me preguntaba lastimeramente qué me pasaba, mientras me pegaba en la espalda, creyendo que algo se me había atorado en la garganta (¡nunca lo hagan!). De pié, con las manos en la garganta, boca y ojos muy abiertos, empecé a llorar. Entonces un pequeño chorro de aire entró a mis pulmones; hice un esfuerzo y logré respirar un poco mejor. Jadeando, entre accesos de tos, finalmente pude respirar bién. ¡Que lindo se siente!

Así descubrí que estaba pasado de peso, barrigón y con reflujo gastroesofágico.

El reflujo gastroesofágico es una enfermedad que consiste en en paso del contenido ácido del estómago hacia atrás, al esófago. Normalmente esto no sucede, ya que existe una zona de alta presión al final del esófago (llamada esfínter esofágico inferior) que lo mantiene cerrado, impidiendo que el contenido del estómago se regrese hacia la boca. Este esfínter se abre por medio de un complejo mecanismo que se inicia al deglutir, permitiendo el paso de alimentos al estómago, pero no al revés. Sin embargo, por diversos motivos esta zona de alta presión se debilita y permite entonces el paso del contenido del estómago hacia arriba. La mucosa del esófago no está hecha para soportar el ácido, así que virtualmente se “quema” en contacto con el ácido clorhídrico del estómago. Esto sucede mas a menudo en sujetos con hernia hiatal (herniación de la porción inicial del estómago hacia el tórax), o es personas con exceso de peso.

Por supuesto, pasaron varios días antes de rendirme a la evidencia. Entonces pesaba 95 kilogramos, comía con entusiasmo (me encanta la carne, las pastas, el pan dulce, las tortillas, los embutidos, y la coca cola), tenía un empleo estable, casi sedentario, y el único ejercicio que hacía era mirar la televisión y leer. Comprendí que tenía que cambiar mi proyecto de vida, o mejor dicho, tenía que tener un proyecto diferente de vida.

En los meses siguientes empecé a caminar diariamente, a saltar la cuerda y a bajar drasticamente mi consumo de harinas y carne. Me olvidé de mis queridas cenas pantagruélicas antes de dormir y me receté ranitidina y metoclorpramida, con lo que terminaron los molestos síntomas del reflujo: agruras, sensación de quemadura en la cara anterior del tórax hasta la gargante, regurgitación de comida. Se terminaron los dolores de cabeza al despertar por la mañana y levantarme en la madrugada ahogándome. Dejé de dormir sobre 2 almohadas.

Bajé casi 10 kilogramos de peso. Me sentí un hombre nuevo.

Lo mas absurdo es que no reconocí en mí una enfermedad que yo como médico diagnostico con frecuencia y en ocasiones opero, especialmente cuando los medicamentos y la dieta no surten efecto, la hernia hiatal es muy grande o cuando el reflujo constante sobre la mucosa esofágica la ulcera y provoca estenosis (estrechamiento) y disfagia, lo que significa que el paciente experimenta dolor o dificultades para pasar el bocado. Normalmente esto sucede cuando el reflujo tiene mucho tiempo de evolución y sin tratamiento, o con tratamiento ocasional e incompleto. Esto es frecuente en pacientes poco disciplinados o que se sienten inmunes a las enfermedades (como muchos médicos que conozco, yo incluído).

Además de una serie gastroduodenal, siempre solicito una endoscopía, que queda como una base histórica para contrastarla la que se le solicita nuevamente en 8 semanas de tratamiento. Durante la endoscopía, el especialista toma biopsias de los 4 cuadrantes, que se envían a revisión histopatológica. Esto puede descartar un cancer de esófago o un esófago de Barret, que es la condición cuando la mucosa que recubre el esófago es sustituída por mucosa semejante a la gástrica, y estas no son buenas noticias.

Si existe una hernia hiatal y mucha sintomatología generalmente está indicada la operación, pero de inicio el tratamiento es médico: dieta, reducción de peso, dejar el cigarro y el café en exceso (ambos disminuyen el tono del esfínter esofágico inferior, igual que el alcohol), medicamentos para disminuir la producción de ácido y para vaciar pronto el estómago, levantar la cabecera de la cama, etc.

La operación mas usada en todo el mundo para este problema es la fundoplastía de Nissen, que consiste en envolver el esófago inferior con el fondo del estómago, creando así una válvula o zona de alta presión que impide la regurgitación ácida hacia arriba. En los últimos años esta operación se realiza por laparoscopía, lo que reduce significativamente las molestias y el dolor, y puede enviar al paciente a su casa al día siguiente de la operación en la mayoría de los casos. Antes de operar conviene solicitar una manometría esofágica (medición de la presión del esófago) y una pHmetría (así se escribe), y que es la medición de la acidéz en la zona final del esófago, para descartar otro tipo de transtornos de la motilidad del esófago y confirmar reflujo.

Como todas las operaciones, esta también tiene sus riesgos. No es raro lesionar el bazo durante la movilización del fondo gástrico, lo que produce sangrado copioso y puede llevar a la extirpación de este órgano. Si la envoltura sobre el esófago queda muy apretada, el paciente tendrá dificultades para tragar la comida y quizá necesitará dilataciones durante varios meses. Si queda muy floja, la operación no habrá servido de mucho y los síntomas continuarán, lo que no hace muy felices a los pacientes. En el peor de los casos, se puede romper el esófago al levantarlo del retroperitoneo; si el cirujano no se percata de esto las consecuencias pueden ser desastrosas.

Si Usted tiene sintomatología sugestiva de reflujo gastroesofágico, acuda con un médico de su confianza, especialmente si los síntomas tienen mucho tiempo. Baje de peso, haga algo de ejercicio. Si le recetan medicamentos, trate de seguir los consejos de su Doctor al pié de la letra. Yo continúo gozando de los placeres de la comida, pero he moderado la cantidad que ingiero, y si no hago ejercicio, por lo menos subo escaleras varias veces al día, despacio (no queremos infartos en plena juventud). Créanme, vale la pena el cambio de hábitos.

Saludos desde Guadalajara.

Dr. José Manuel Illán Castañeda

Jmillan@megared.net.mx

 

 

 

 


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