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Un mismo gen está relacionado con el Alzheimer, la artritis y el cáncer

EL PAÍS , Barcelona (11-04-00)

Una investigación realizada en la Universidad de Illinois en Chicago (UIC), Estados Unidos, ha descubierto que diversas enfermedades relacionadas con la vejez, como el cáncer, la arteriosclerosis, la artritis y la enfermedad de Alzheimer, pueden tener un vínculo genético común. Este hallazgo, que se publica en el número de hoy de la revista Proceeding of the National Academy of Sciences, indica que un día podría ser posible prevenir o combatir todas estas enfermedades con fármacos que tengan como objetivo este vínculo genético común.

Los autores informan de que la activación de un único gen, conocido como p21, puede ayudar al desarrollo de múltiples enfermedades propias de la vejez. Este gen actúa como freno que impide que las células crezcan cuando han sido dañadas por toxinas o por la radiación, dándoles así tiempo para recuperarse. Durante el proceso normal de envejecimiento, el gen p21 también impide que las células se dividan cuando alcanzan la senectud. Utilizando la tecnología del ADN recombinante, los investigadores de la UIC activaron el gen p21 de células humanas cultivadas en laboratorio. Luego utilizaron las poderosas herramientas de la genómica actual, junto con información sobre la secuencia del genoma humano, para estudiar los efectos del p21 en otros miles de genes.

Un patrón asombroso

"El patrón resultó asombroso", afirma Igos Robinson, principal autor del estudio y profesor del departamento de Genética Molecular de la Facultad de Medicina de la UIC. "La activación de este gen producía cambios en otros muchos genes de los que ya se sabía que estaban implicados en el envejecimiento y en las enfermedades relacionadas con éste". Cuando se activaba el gen p21, las células adquirían características de las células envejecidas: dejaban de crecer, adquirían una apariencia plana y granular y comenzaban a producir enzimas propios de las células seniles. Para comprender estos efectos a nivel molecular, los científicos del laboratorio de Robinson analizaron la actividad de otros muchos genes como respuesta a la estimulación del p21. Los investigadores descubrieron que el p21 inhibía selectivamente más de 40 genes de los que se sabe que están involucrados en la replicación del ADN y en la división celular, deteniendo inmediatamente el crecimiento celular.

Asimismo, el p21 aumentaba la actividad de otros 50 genes aproximadamente, algunos de los cuales parecen estar involucrados en el desarrollo tumoral. Otros genes activados por el p21 producen diversas proteínas y enzimas que contribuyen a la arteriosclerosis, la artritis y la amiloidosis, además de la beta-amiloide, el principal componente de las placas encontradas en el cerebro de pacientes de Alzheimer.


Las resistencias de los piojos a los insecticidas multiplican las epidemias

La pediculosis, antes asociada a la suciedad, la sufren hasta el 15% de los niños españoles

GABRIELA CAÑAS , Madrid (11-04-00)

Las escuelas de nuestro mundo occidental entrarán en el siglo XXI conectadas a Internet y, además, infestadas de piojos. La pediculosis, lejos de ser un mal del pasado, es un problema que se ha recrudecido en los últimos 30 años y que este curso es especialmente persistente en España. Los piojos, que no distinguen clases sociales, afectan a millones de niños cada año (de 6 a 12 en Estados Unidos) porque se los transmiten unos a otros en las aulas, dada la escolarización prácticamente universal y porque los parásitos están creando resistencias a los insecticidas utilizados.

Este recrudecimiento de las epidemias de pediculosis tiene que ver con el descuido y, al mismo tiempo, con el exceso de celo. Descuido porque hoy día los padres apenas vigilan las cabezas de sus hijos en busca de los parásitos, dando por sentada su inexistencia. Exceso de celo porque cuando, con sorpresa, los detectan empiezan a usar indiscriminadamente los insecticidas disponibles en el mercado. En lugar de aplicar un tratamiento sistemático y seguro siguiendo las instrucciones de las autoridades sanitarias no se cercioran de la erradicación del insecto y abusan de colonias y champús insecticidas, que son los que suelen crear las resistencias.

Olivier Chosidow, del Departamento de Medicina Interna y Asistencia Pública de los Hospitales de París, acaba de publicar un artículo en la revista especializada en medicina The Lancet precisamente sobre la pediculosis. Chosidow desaconseja en dicho artículo el uso de los champús por razones obvias: "El tiempo de contacto es corto, la concentración del fármaco es baja y la penetración del insecticida es reducida cuando el piojo está inmerso en el agua; las aplicaciones inadecuadas pueden favorecer la creación de resistencias".

Poca ayuda farmacéutica

María Victoria Civantos, médica y técnica superior de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, desaconseja por razones similares las colonias. "Dejas poca cantidad de insecticida en el pelo, de manera que el piojo, lejos de morir, aprende y se hace resistente". Y Civantos añade: "La verdad es que, en este sentido, los farmacéuticos nos ayudan muy poco". Basados en este crecimiento de las resistencias es por lo que todos los especialistas desaconsejan utilizar cualquier producto de forma puramente preventiva. Lejos de evitar la infestación, la agravan en caso de que los insectos aniden en sus cabezas.

Los insecticidas utilizados hoy día no son, además, completamente inocuos. Si bien son menos agresivos que los de antaño, no deben ponerse en contacto con los ojos o las mucosas. Civantos tiene la sospecha personal -"nada científica", advierte- de que al piojo le gusta la sequía. Y apunta que este año, probablmente por casualidad, hay sequía y más piojos que en los dos años pasados. No hay, científicamente, sin embargo, ninguna evidencia de que la temperatura afecte a estas epidemias, como señala el pediatra Manuel Tolosa-Latour, si bien este facultativo añade que las epidemias son cíclicas y aparecen habitualmente en otoño y primavera. Los consultados coinciden en señalar que los productos disponibles en el mercado son caros (no se venden con receta ni están subvencionados) , pero eficaces, aunque Olivier Chosidow advierte de que "algunos investigadores creen que ninguno de ellos es ciento por ciento ovicida". De manera que, al final, el mejor sistema para acabar con ellos es recurrir a las técnicas de toda la vida.

Tras el tratamiento con un gel, lo más aconsejable es revisar la cabeza y bien con una lendrera, bien con la mano, cerciorarse de que no queda un solo piojo ni un solo huevo (liendre) en la cabeza de los niños y en la de los adultos que conviven con él. Porque estos minúsculos y molestos huéspedes son tremendamente viajeros y saltan de una cabeza a otra con gran facilidad, bien directamente, bien a través de utensilios de peinado. Chosidow advierte de que en ocasiones los piojos están mostrando resistencias incluso a los tratamientos correctamente aplicados, en cuyo caso la única solución es cambiar de producto y volver a empezar todo el tratamiento completo.

Problemas profundos

La pediculosis es un viejo problema humano. Los huevos de piojo más antiguos fueron encontrados en una cueva del desierto de Judea y datan del año 6900-6300 antes de Cristo, según detalla Chosidow en The Lancet, que añade que se halló una liendre adherida al pelo de una mujer embarazada enterrada por las cenizas de Herculano en el año 79 de nuestra era. Pero la pediculosis, por lo demás, no suele acarrear problemas mayores de salud pública, salvo que se sufra una infección secundaria en la piel irritada por el continuo rascado de cabeza. Porque el picor (prurito) de la pediculosis es el peor y más incómodo efecto de la misma. El prurito, como explica María Victoria Civantos, no se debe al picotazo del parásito en busca de la sangre, sino al efecto que produce la sustancia anticoagulante que el piojo inocula para después alimentarse.

Diversos estudios han demostrado que entre el 5% y el 15% de los escolares españoles sufren pediculosis. Inspecciones similares hechas en otros países han dado resultados similares, aunque se han hallado a veces prevalencias del 49% (en Burdeos, Francia) o del 25% en Bristol (Reino Unido). El piojo se asocia a miseria y suciedad y, en puridad, el foco tiene que ver con esas condiciones en las que no sólo habita el piojo común, el de la cabeza, sino el del cuerpo y el del pubis (más conocido como ladilla). De ahí que las autoridades sanitarias deban en ocasiones intervenir para localizar problemas socio-sanitarios más profundos en niños que sufren de forma permanente la infección. "En ningún caso", advierte Civantos, "hay que excluir o segregar al niño en cuestión".


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