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PROLOGO DE BOERICKE Y A LA
Al leer un libro,
nunca se lo debe hacer rápidamente, simplemente en forma de información o
diversión, se lo debe ir masticando poco a poco para ir dejándonos inundar con
las enseñanzas de su autor. Más aún El
Organón de Hahneman, seguramente lo tenemos que leer, una y otra vez, y
posiblemente no avanzaremos rápidamente, incluso nos podemos quedar en un solo
Parágrafo o en una sola frase, pues detrás de ella existe profunda sabiduría,
que no solo son verdades momentáneas sino que por el contrario se mantienen y
se mantendrán a lo largo del tiempo,
como el buen vino que ira madurando para alcanzar un espíritu
profundo y esa perfección en su
sabor, que se lo siente solo en el lo
mas íntimo de nuestro ser.
Cuando se inicia el estudio del
Organón en su Sexta, definitiva y más importante Edición, y manteniendo abierto
nuestro pensamiento, debemos situarnos en el año de 1833, cuando Hahneman
cumplía 86 años, es decir poco antes de su muerte.
Al dejarnos llevar de
la mano de los Maestros Boericke y Krauss, empezamos a vislumbrar ese
maravilloso mundo de la Homeopatía que fue un legado sin antecedentes para la
humanidad.
De lo que conozco, no
se han hecho comentarios de este Prólogo y de la Introducción que se encuentras
previos al desarrollo del libro propiamente dicho, sin embargo ya desde este
mismo inicio podemos encontrar verdades maravillosas que nos ayudarán a
entender de mejor forma este ARTE DE CURAR.
Boericke, nos refiere que esta sexta edición es un
trabajo profundo de Hahnemann, lo fue
revisando con esa prolijidad propia de un sabio, dejando al margen anotaciones valiosas, como podrían observar
aquellos que tengan acceso a la biblioteca de la Universidad de San Francisco,
donde esta obra es veneradada como una
verdadera joya. Diez y ocho meses de arduo trabajo le llevó llegar como él
mismo lo dijera, “casi a la perfección” y desde ya nos habla de la influencia
dinámica y los varios cambios que se han hecho al Organón. Boericke nos hace
hincapié en los cambios en el párrafo 273 cobre la tan discutida forma de
administrar los medicamentos, y como cualquier otra forma que no sea una sola a
la vez, es absurdamente errónea, la
visión que tenía Boericke de esta sexta edición es sin lugar a duda la que
todos tenemos el momento de leerla, esto es que es un libro de estas
características es por su elevada concepción filosófica una guia invalorable para la curación de
nuestros pacientes.
Me uno a la voz de agradecimiento del Dr.
Krauss, en su Introducción, hacia el
Dr. William Boericke, por haber sabido
mantener a buen recaudo la Sexta Edición de Organón, no pocos trabajos le debe
haber llevado defender inclusive con su propia vida para que nos llegue esta
valiosa herencia, que como mas adelante nos refiere une a Hahnemann al través
del tiempo y en un mismo espacio (La Sabiduría) a Hipócrates, Galeno y
Paracelso para que la Homeopatía tenga su rigor científico, actualmente esta discusión va perdiendo piso
pues los diferentes estudios y descubrimientos, lo único que hacen es
corroborar cada vez más, que la Homeopatía tiene este rigor científico que para
algunos, en su visión limitada, es más
importante, que el propio paciente, pues es “el órgano enfermo”, inclusive “la
célula enferma”, pero nunca al ser humano en su totalidad, aquí radica la
diferencia entre Alopatía y Homeopatía.
Cualquier especialidad
de Medicina que cause desmembramiento en
su forma de estudiar, diagnosticar o tratar al paciente, nunca podrá
llamarse Homeopatía como tal, pues esta es la única que ve al ser en su
individualidad, y va mas allá aún, pues busca el medicamento
que cubra la totalidad de síntomas, y así no llegaremos a un solo sector del
paciente, sino que lo trataremos primero observando, comparando y
profundizando. Hahneman, nos dejó la
primera enseñanza, al indicarnos con su ejemplo, que el médico debe ser ante
todo un gran observador.
“Sólo los charlatanes en medicina vituperan los métodos de
comparación como anticientíficos”.
Una vez que tengamos los síntomas que son la
manifestación de la enfermedad, debemos buscar el medicamento que corresponda a
ellos, y que hayan causado manifestaciones iguales en una persona sana.
Nos habla de la Paliación, pues si dichas
manifestaciones de la enfermedad no se retiran sino parcialmente, no podremos
decir que hemos alcanzado la curación.
Pero acaso solo lo que podemos medir es lo que sirve?, pues de ninguna
manera, posiblemente lo que no vemos, lo intangible, y lo que nos manifiesta el
paciente que “siente” será lo mas importante, inclusive, la forma en que lo
dice, pues:
“No hay dos seres humanos completamente iguales en salud y en
enfermedad”
Mas adelante realiza
una descripción de La Experimentación, ¡Qué sabias palabras de Krauss! al
hacernos recapacitar, que los experimentos son con carácter definido, es decir,
siempre se trata de llegar a un fin, y esto hace que el experimentador no sea
lo suficientemente imparcial como para captar, simplemente los resultados, como
se presenten, así lo hizo Hahnemann, quien fue experimentador profundo pues fue
mas alla de si mismo, pues arriesgo su propia vida, de su familia y de sus
amigos, buscando siempre esa verdad, La Homeopatía.
“ Los que dudan de ella no dudan. No conocen lo que dudan”
Acaso todos los avances de las
investigaciones las conocemos a fondo, y sin embargo las aceptamos como
verdaderas, por el solo hecho de tener su fuente en algún instituto “de
prestigio”, y cuántas veces hemos dudado simplemente por que no conocemos algo, o porque es diferente a “nuestra
opinión”.
Con esta premisa, cuando tengamos la
capacidad de dudar, hagámoslo sí, pero con conocimiento de causa, no dudemos
por el simple hecho de dudar, no “siempre” tenemos la verdad, por el contrario, cuando nos creamos dueños
de ella, estaremos cada vez mas lejos.
“La era de la
experimentación científica, médica, principia con Hahnemann y nadie más.
Científico de corazón, Hahnemann experimenta científicamente con el fin de
observar científicamente.”
Acaso ese echte
Heilweg ( verdadero camino), de que nos habla Krauss al final de su
Introducción es aquel camino en cual
todos los médicos deberíamos o desearíamos estar?
CACIQUE DE MALACATOS
(LOJA – ECUADOR)
Indigena del sector de la provincia de Loja al sur de Ecuador, su nombre cristiano fue Pedro Leiva, conocedor de la tradición en el uso de plantas. Aproximadamente en 1630, sabía del uso de la corteza del árbol llamado QUINA en el uso para tratar el paludismo. Este conocimiento llegó a oídos del misionero Padre Juan López, quien envía dicha planta a la Condesa de Chinchón Virreina de la ciudad de Lima que padecía esta enfermedad, tratada con éxito. La noticia se expande a todo el mundo, llegando años mas tarde a manos de Hahneman, quien realiza su primera experimentación con la sustancia de dicha planta, aquí se inicia el descubrimiento de La Homeopatía.
Dr. Ider Salgado Torres
HOMEOPATA
Quito – Ecuador – Sudamerica
E-mail: ider@impsat.net.ec
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