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FALLA CARDIACA CONGESTIVA

 

FISIOPATOLOGIA Y OPCIONES TERAPEUTICAS - REVISION

 

FERNANDO GUZMAN MORA, MD

Médico. Universidad del Rosario. Bogotá

Anatomopatólogo. Universidad del Rosario. Bogotá

Cirujano General. Universidad Javeriana. Bogotá

Cirujano de Tórax. University of Newcastle on Tyne. Inglaterra

Cirujano Cardiovascular. University of Newcastle on Tyne. Inglaterra

Cirujano Cardiotorácico. Fundación Santa Fé de Bogotá

Profesor Titular de Cirugía. Universidad del Rosario. Bogotá

Profesor Titular y Jefe de Cirugía. Universidad San Martín. Bogotá

Presidente Nacional. Federación Médica Colombiana

 

 

LA FALLA CARDIACA CONGESTIVA.

El síndrome de falla cardiaca congestiva no es por sí mismo una enfermedad, es el estado final del daño del miocardio por diversas causas. La pérdida inicial de los miocitos, ya sea segmental, como en un infarto o difusa como en una miocarditis, se presenta comunmente sin síntomas o incapacidad. No obstante, un inadecuado funcionamiento cardiaco  puede desarrollarse con el tiempo, a pesar de la hipertrofia y dilatación compensadoras (el llamado remodelamiento ventricular). Este, como mencionaremos más adelante, se va asociando progresivamente con activación de sistemas neurohormonales, acumulación de líquidos, limitación de la circulación periférica y falla orgánica final, cascada de eventos que puede ocurrir en un período de meses o de años.

    

Una vez ocurrida la lesión inicial miocárdica, la progresión de la disfunción cardiaca está representada por cambios geométricos y cambios mecánicos. El punto de confluencia en dicha disfunción cardiaca lo representa la alteración en el funcionamiento ventricular; ésta disfunción ventricular puede ser sistólica, manifestada por bajas fracciones de eyección; o diastólica, que como se ampliará más adelante incluye tanto los defectos del llenado ventricular, como los excesos del mismo.

 

A.DISFUNCIONES MECANICAS que pueden ser por sobrecarga de presión, como en hipertensión arterial sistémica o pulmonar, o en estenosis aórtica; o por sobrecarga de volumen, como en insuficiencia aórtica o insuficiencia tricuspidea.

 

B.FALLA MIOCARDICA que puede ser primaria, como en las miocarditis, en las cardiopatías o en la insuficiencia mitral; o secundaria, como en enfermedad coronaria, efectos tóxicos por drogas o en enfermedades sistémicas.

 

C.ALTERACIONES EN EL LLENAMIENTO CARDIACO, como en enfermedad pericárdica o hipertrofia cardiaca.

 

ALTERACION MIOCARDICA

    

Un músculo miocárdico previamente normal, después de sufrir una lesión determinada, puede inicialmente restaurar el volumen latido recurriendo a la doble estrategia de la dilatación y de la hipertrofia celular. La dilatación, por vía de la Ley de Frank Starling, proveería inicialmente un potencial incremento de la fuerza de contracción, dando tiempo para la, un poco más lenta, hipertrofia miocárdica. En forma crónica la dilatación brindaría la ventaja geométrica adicional de poder eyectar un volumen latido determinado con un menor acortamiento circunferencial de la fibra miocárdica. (Si asemejamos el ventrículo a una esfera de radio determinado el volumen de esa esfera será directamente proporcional a la tercera potencia del radio, por lo tanto para obtener de dos esferas de distinto diámetro el mismo volumen, se verificarán disminuciones menores de los radios en la esfera de mayor diámetro, y por tanto menores cambios en su superficie.)

 

 

 

 

 

Sin embargo, ni la hipertrofia, ni la progresiva dilatación ante una sobrecarga compensa completamente el esfuerzo impuesto, por varias razones. Los miocitos hipertróficos no son versiones grandes de las células normales, de hecho se han demostrado en ellos múltiples anomalías que incluyen alteraciones de los receptores hormonales, de los canales y bombas de iones en el sarcolema, del manejo del calcio por el retículo sarcoplásmico, del acoplamiento del flujo energético entre las miofibrillas y las mitocondrias y de la composición de las proteinas contráctiles, por cambios en la expresion genética, lo que resulta en un miocito que aunque mantenga la contracción, genera la fuerza y la relajación más lentamente.

 

Dentro de este complejo proceso de remodelación se han postulado últimamente, con base en los Estudios de Disfunción Ventricular Izquierda, SOLVD (Studies of Left Ventricular Dysfunction), en 1991 y 1992, que más que una depresión progresiva en el desempeño sistólico del ventrículo, el factor que lleva a la progresión de la disfunción ventricular de una forma asintomática a una sintomática puede ser una excesiva distensibilidad diastólica, a la que ya nos habíamos referido anteriormente.

 

La falla cardiaca con disfunción diastólica, generalmente se concibe como un ventrículo izquierdo pequeño y póbremente distendido, lo que conduce a una presión de llenado elevada y a congestión pulmonar. Según este nuevo enfoque, una distensibilidad exagerada permite una distención ventricular izquierda, no solamente por incremento de la longitud de la sarcómeras, sino por deslizamiento y ruptura de las fibras de colágenO, el radio de curvatura del ventrículo progresivamente se incrementa, y como se deduce de la Ley de Laplace, se aumenta igualmente la tensión sitólica de la pared generando el fenómeno de "postcarga desajustada", en el que el agrandamiento, por el aumento de la tensión produce más agrandamiento hasta llevar al miocardio a una condición estructural irreversible.

 

 

 

Por lo tanto, no solo la elongación de los miocitos es importante en el progreso de la falla cardiaca, sino que el desarreglo de la matriz extracelular del corazón también afecta la función y amplifica el efecto de la pérdida y disfunción celular. Estos nuevos conocimientos han abierto posibilidades terapeuticas, por ejemplo a través del uso de los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina y de su posible papel sobre la distensibilidad diastólica en pacientes con disfunción ventricular.

 

APROXIMACION A LA TERAPIA DE LA FALLA CARDIACA.

 

El conocimiento de las anormalidades  hemodinámicas y hormonales en el síndrome de falla cardiaca ha permitido una aproximación más racional y precisa a su tratamiento. El manejo en la falla cardiaca va dirigido a los siguientes tres aspectos:

     1.Prevenir la iniciación del proceso.

     2.Limitar su progresión.

     3.Disminuir la incapacidad funcional.

 

Estos objetivos se han emprendido a través de tres vías: el tratamiento no farmacológico, el tratamiento farmacológico y el tratamiento quirúrgico. Brevemente mencionaremos cada uno de ellos, pero nuestra discusión se centrará en el tratamiento quirúrgico y en particular en la cardiomioplastia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRATAMIENTO NO FARMACOLOGICO.

 

Desde hace varios años se ha insistido en los beneficios de abordar tanto el manejo de la falla cardiaca como de la enfermedad hipertensiva en una forma global, que además de la administración de los fármacos, brinde una estrategia de vida orientada a suspender sustancias con potenciales efectos depresores sobre el miocardio, a disminuir la ingesta de sodio, a disminuir peso y a reducir el ejercicio isométrico (3). La pérdida de peso se ha asociado con disminución de las cifras de tensión arterial, así como con disminución en los niveles plasmáticos en reposo de norepinefrina. Además, después de la reducción de peso se ha visto una mejoría en la función cardiaca reflejada en unos valores más bajos para el trabajo de contracción ventricular izquierdo, produciendo además reducción en el grosor de la pared ventricular en pacientes con sobrepeso, independientemente de la disminución en las cifras tensionales, lo que evidentemente le señala a la pérdida de peso un papel de gran importancia en el manejo de la falla cardiaca.

 

La práctica de ejercicio es también una interesante opción terapéutica en pacientes con falla cardiaca y sólo debe suspenderse en aquellos que se encuentran descompensados y requieren reposo en cama. Un programa de ejercicios isotónicos, condicionados, se ha demostrado que incrementa la tolerancia a los esfuerzos, a través de unas adaptaciones periféricas que incluyen incremento de los picos de flujo sanguineo a los músculos esqueléticos activos y una mayor eficiencia en la extracción tisular del oxígeno, y en algunos pacientes el incremento en la hemoglobina y en el volumen de eyección ventricular.

    

 

 

 

 

 

Una de las más frecuentes causas de falla cardiaca es el alcohol; según algunos estudios precedido únicamente por la enfermedad arterial coronaria y la hipertensión arterial. De la misma manera la edad, la enfermedad coronaria, el alcohol y la diabetes son independientemente poderosos predictores de mortalidad, por lo que la suspención de su consumo es de vital importancia y ha mostrado mejoría de la función ventricular.

 

TRATAMIENTO FARMACOLOGICO.

 

La mayoría de pacientes con falla cardiaca son manejados como pacientes externos, sin necesidad de drogas intravenosas. Esta terapia de mantenimiento frecuentemente incluye combinaciones de agentes diuréticos, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina y vasodilatadores. La adición tanto de tratamiento inotrópico intravenoso, intermitente crónico, como de agentes orales no glicósidos inotrópicos, han mostrado mejoría en los síntomas y calidad de vida de los pacientes, pero un incremento significativo en la mortalidad, lo que hace que su aplicación se restrinja a aquellos casos en donde la calidad de vida es tan pobre que el incremento del riesgo de mortalidad es aceptable para el paciente o durante las descompensaciones agudas del síndrome.

 

A continuación nos referiremos a cada agente en forma específica, iniciando por los agentes inotrópicos, posteriormente los diuréticos y finalmente los agentes vasodilatadores.

 

 

 

 

 

 

 

AGENTES INOTRÓPICOS.

 

Los digitálicos se enlazan a la enzima sodio-potasio adenosín trifosfatasa (Na+-K+-ATPasa), que es responsable del transporte de Na+ fuera de la célula y de K+ dentro de la célula. Los digitálicos al inhibir esta enzima, aumentan las concentraciones intracelulares de Na+. El mantenimiento de las concentraciones intracelulares de sodio también depende del intercambio Na+ / Ca++, que ante un incremento de la concentración de sodio actuará aumentando el intercambio y llevando a un resultado neto final de aumento en la concentración intracelular de Ca++.

 

En el paciente con falla cardiaca congestiva, como hemos descrito arriba, los receptores beta-adrenérgicos están disminuidos (down-regulation) los niveles de AMPc están disminuidos, por lo que los agentes inotrópicos que actúan independientemente a estas vías pueden tener mayor efectividad. Existe, en términos generales, consenso de que los pacientes con falla cardiaca dilatada, con función sistólica deteriorada, frecuentemente con un galope por un tercer ruido cardiaco tienen una mejoría subjetiva y objetiva, después de recibir digitálicos, mientras que los pacientes con presiones de llenado elevadas, con función sistólica preservada en reposo, no son candidatos apropiados para la terapia con digitales a menos que la taquicardia supraventricular sea un problema concomitante. Se ha visto también que la terapia a largo término con digitálicos, en pacientes con falla cardiaca severa es  superior a los inhibidores de la fosfodiesterasa, como el milrinone.

    

 

 

 

 

 

Los inhibidores de la fosfodiesterasa son agentes farmacológicos que inhiben este enzima evitando el metabolismo del adenosín monofosfato cíclico (AMPc) lo que aumenta sus concentraciones, aumenta la circulación del calcio y facilita la contracción miocárdica, así como genera dilatación vascular periférica. La amrinona es un agente inhibidor de la fosfodiesterasa, derivado de la biperidina, se emplea por vía intravenosa y se ha comparado favorablemente con la dobutamina para el manejo hemodinámico de la falla cardiaca, encontrándose que se trata de una forma segura y efectiva de tratamiento parenteral en pacientes con cardiomiopatía dilatada, con mayores efectos vasodilatadores y menor incremento de la frecuencia cardiaca, lo que le brinda ciertas ventajas hemodinámicas.

    

El milrinone es otro agente inhibidor de la fosfodiesterasa, para administración oral, con el que no se ha podido documentar una mejoría clínica significativa con su uso e incluso, se ha encontrado en estudios aleatorios que a largo plazo incrementa la morbilidad y la mortalidad en los pacientes con falla cardiaca severa.

    

Estos efectos negativos de los agentes inotrópicos reducen su utilidad a lo que hemos mencionado arriba para cada caso; en el momento se están desarrollando estudios que sugieren una mayor seguridad de estos fármacos, reduciendo sus dosis, y aunque a las dosis bajas no es claro  que logren ejercer efectos inotrópicos, se ha encontrado persistencia de efectos periféricos tales como la vasodilatación que les podrían señalar alguna utlidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

DIURÉTICOS.

 

La retención de sodio y agua en los pacientes con falla cardiaca se ha relacionado fundamentalmente a un trastorno funcional, más que a una anormalidad estructural renal. La reducción de la rata de filtración glomerular, el incremento en la secreción de aldosterona y el perfil anormal del factor natriurético, producen retención de sodio y con él de líquidos, agravando la falla cardiaca. En estos pacientes se puede iniciar el manejo con diuréticos de asa (furosemida, bumetanida, ácido etacrínico). Si resulta inefectivo, en pacientes con congestión refractaria se puede adicionar metazolona, que actúa en el túbulo contorneado distal y que administrado con los diuréticos de asa tiene un efecto sinérgico. A pesar de la mejoría clínica, el uso de diuréticos no ha sido asociado a una mejoría en la sobrevida o en la función ventricular.

 

AGENTES VASODILATADORES.

 

En 1956 Eichna, Sobol y Kessler publicaron un artículo denominado Hemodynamic and renal effects produced in congestive heart failure by the intravenous administration of a ganglionic blocking agent. Con esta publicación se abría un papel terapéutico potencial para el uso de los vasodilatadores en el manejo de la falla cardiaca. De los muchos vasodilatadores probados se han obtenido datos positivos de ensayos con altas dosis de nitratos con hidralazina y sobretodo con inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina. Importantes estudios controlados, con placebo han señalado estos beneficios. El primero fue el Vasodilator Heart Failure Trial (V-HeFT I), en el que se mostró mejoría en la sobrevida de los pacientes con falla cardiaca moderada a severa, con la adición de hidralazina y dinitrato de isosorbide al régimen terapéutico de digoxina y diuréticos. La reducción del riesgo de mortalidad en el grupo tratado con hidralazina y dinitrato de isosorbide fue del 36% en 3 años.

    

En junio de 1987 se publicó el Cooperative North Scandinavian Enalapril Survival Study, (CONSENSUS I) en el que se observó una significativa mejoría en la clasificación de la NYHA de los pacientes que recibían enalapril, con una reducción en el tamaño del corazón, en los requerimientos de otros medicamentos y en la mortalidad en falla cardiaca severa. En el mismo sentido en 1991 se publicaron dos estudios de gran importancia en apoyo de esta posibilidad terapéutica, el estudio SOLVD, al que ya hemos hecho referencia y el V-HeFT II. En el SOLVD se demostró una reducción significativa en la mortalidad y en las hospitalizaciones por falla cardiaca congestiva, en pacientes tratados con inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, además de la terapia convencional para la falla cardiaca. El efecto dominante se observó en los primeros seis meses y el estudio fue llevado a cabo en pacientes con falla cardiaca leve a moderada.

    

En el V-HeFT II se compararon los efectos de la hidralazina y el dinitrato de isosorbide con los del enalapril. Se observó que ambos agentes vasodilatadores ejercen un efecto hemodinámico favorable en pacientes con falla cardiaca, ambos producen relajación de la resistencia arterial y aumento en la capacitancia venosa. En este estudio se mostró que la reducción en la mortalidad con el enalapril fue significativamente mayor que con la combinación de hidralazina y dinitrato de isosorbide, aunque estos últimos mostraron una más significativa mejoría en la realización de ejercicio y en la función ventricular izquierda (38). Mientras los vasodilatadores no específicos activan fuerzas contrarregulatorias incluyendo el sistema renina-angiotensina-aldosterora, los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina tienen efectos directos. Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina tienen también un efecto antiisquémico, probablemente por inhibición de la formación de angiotensina II en las paredes de las arterias incluyendo las coronarias.

    

 

 

Dados estos resultados, es claro que los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina son benéficos tanto clínica, como hemodinámicamente en falla cardiaca severa y prolongan la sobrevida en falla cardiaca crónica leve, moderada y severa.

    

En el estudio SOLVD, en prevención de la falla cardiaca, publicado en 1992, enalapril o placebo fue dado a pacientes con disfunción ventricular izquierda, pero sin falla cardiaca sintomática. El beneficio de sobrevida con la administración del enalapril, en los tres años de duración del estudio fue solamente del 8% y no fue estadísticamente significativo (41). Sin embargo, el más claro beneficio de estas drogas en prevenir la falla cardiaca clínica (cerca de 3 episodios prevenidos por cada 100 pacientes tratados por año) sugiere que los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina pueden alterar en forma favorable el curso de la disfunción ventricular (el beneficio esperado de sobrevida podría requerir un período mayor de tiempo para ser detectado).

    

En el estudio Survival and Ventricular Enlargement (SAVE) investigaron el beneficio clínico del tratamiento con captopril en pacientes en postinfarto del miocardio, con disfunción diastólica, pero antes del llamado proceso de remodelamiento. Ellos encontraron una reducción en la mortalidad del 19%. Además, se observó una reducción en la frecuencia de infartos recurrentes entre los pacientes tratados con captopril.

    

 

 

 

 

 

 

 

Después de un año de seguimiento los investigadores del SOLVD han encontrado leve progresión de la dilatación ventricular, y aunque la administración del enalapril disminuye esta progresión, los pacientes con enalapril mostraron una reducción del 37% en el desarrollo de falla cardiaca y una reducción del 36% en hospitalizaciones por falla cardiaca (44), la tensión sobre la pared no fue normalizada por el tratamiento (45).

    

Los avances en el conocimiento de la falla cardiaca, los cuidadosos y bien llevados estudios sobre las posibilidades terapéuticas de los agentes vasodilatadores han abierto nuevas perspectivas en el manejo farmacológico de este grave síndrome. Sin embargo, a pesar de la máxima y óptima terapéutica médica, incluyendo digitálicos, diuréticos y agentes vasodilatadores, muchos pacientes con falla cardiaca avanzada permanecen en Clases funcionales de la  New York Heart Associaton (NYHA) III o IV, y por lo tanto en ellos las posibilidades quirúrgicas deben ser consideradas.

 

TRATAMIENTO QUIRURGICO

 

1-BALON DE CONTRAPULSACION INTRAAORTICO

 

La primera opción es el Balón de contrapulsación intra-aórtico (BCIA), cuyas primeras descripciones se deben a Kantrowiz (1953) y a Moulopoulos (1962).  El primer balón de aumento diastólico fué diseñado por Dennis en 1963, siendo logrado como  sistema de apoyo externo por Bergmann en 1981.

 

 

 

 

 

 

 

El BCIA constituye la forma mas frecuente de asistencia mecanica, con una posibilidad de aumento en 30% presion diastolica, una reduccion en 20% de postcarga, la evidente mejora en el  aporte de oxigeno miocardico y una disminución en la  demanda tisular periferica de oxígeno.

Las indicaciones principales del BCIA son:

A-disfuncion ventricular severa con enfermedad del tronco coronario izquierdo

B-ruptura isquemica del septum interventricular

C-sindrome de bajo gasto refractario en postoperatorio de cirugia cardiaca

D-cirugia mitral en pacientes con severa disfuncion ventricular izquierda

E-sindrome de bajo gasto post trasplante cardiaco

F-choque cardiogenico

G-angina inestable refractaria

H-apoyo hemodinamico en choque reversible no cardiogenico

I-falla cardiaca severa en cardiomiopatia en falla terminal

J-rechazo severo post trasplante cardiaco

 

Desde el punto de vista hemodinámico, la recomendacion básica para el uso de BCIA está constituída  por la conjunción de: Indice cardiaco menor de 1.5 lt/min,  PCP mayor de 18 mmhg, presencia de falla cardiaca refractaria y escasa respuesta a aminas presoras

Los criterios de emergencia para el uso de bcia después de cirugía cardiaca se dividen en dos grupos:

Relativos:

a. requerimientos de agentes presores en dosis elevadas

b. arritmia maligna con evidencia de infarto intraoperatorio no   bien controlado con tratamiento médico.

 

 

 

 

Definitivos:

a-Dificultad en el bypass cardiopulmonar después de 30-45 minutos para lograr un flujo de 500 ml/min

b-Hipotensión ( 60 mm hg), Indice Cardíaco por debajo de 1.8 lt/min y  presión en cuña elevada (25 mmhg) en forma sostenida y refractaria al manejo médico.

 

Las complicaciones del balon de contrapulsacion aortico incluyen:

1- Lesión de la aorta

2- Disección de la pared

3- Destrucción de glóbulos rojos

4- Fenomenos embolicos

5- Disminución del flujo renal

6- Disminución del flujo periferico

7- Ruptura ventricular

8- Ruptura del balón y embolia gaseosa

 

2- OTRAS FORMAS DE SOPORTE QUIRURGICO

A-Soporte (bypass) del corazon izquierdo: Bomba de fuerza centrífuga tipo Biomedics

B-Aparatos de soporte ventricular

-Bomba sanguinea (abiomed bvs 5000)

-Hemobomba

-Aparato implantable (heartmate)

-Bomba de flujo continuo de Jarvik

C-Corazon artificial total

-Abiomed (Texas Heart Institute)

-Nimbus (Cleveland Clinic)

-Sarns 3m health care (Pennsilvania State)

 

 

D-Cardiomioplastia

E-Trasplante de corazon

F-Trasplante de corazon-pulmon

G-Oxigenacion extracorporea de membrana (ecmo)

 

3-TRASPLANTE CARDIACO

 

El trasplante cardiaco comenzó a considerarse como una posibilidad quirúrgica experimental hacia 1905, con los trabajos de Carrel y Guthrie, quienes sentaron las bases de la técnica quirúrgica vascular en sus ensayos en perros.

 

En 1933 Mann documentó histológicamente el rechazo al corazón trasplantado, al observar infiltración linfocítica y de polimorfonucleares en el miocardio.

 

Por varios años continuaron  las investigaciones acerca de la técnica quirúrgica y la respuesta al corazón trasplantado, como se evidencia en los trabajos de Webb y Howard en 1957, Cass y Brock en 1959, Lower y Shumway en 1960, entre otros.

    

El día 3 de Diciembre de 1967, el Doctor Christian Barnard trasplantó el corazón de una niña que había muerto por un trauma cerebral, a un paciente que sufría de enfermedad cardiaca considerada intratable. En el primer párrafo de su presentación en el American Journal of Cardiology el Doctor Barnard dice: "Esta operación como era de esperarse, se encontró con reacciones que van desde la aclamación hasta la condena. De las distintas críticas, una sobre todas las otras amerita la más cuidadosa consideración: la objeción de que el trasplante cardiaco en un hombre es prematuro", y tras la exposición basada en su experiencia clínica de los dos primeros trasplantes cardiacos concluye que "el juicio final será dado por un creciente número de pacientes que sean salvados y con el testimonio del tiempo" .

    

 

En 1991 se realizaron en Estados Unidos 2127 trasplantes de corazón y 51 trasplantes de corazón-pulmón. En un período de un año las ratas de sobrevida para los receptores fueron de 81.6% para trasplante de corazón y de 55.4% para trasplantes de corazón pulmón.

 

El testimonio del tiempo y el gran número de pacientes beneficiados con el trasplante cardiaco, han hecho que se haya convertido en la terapia de elección para pacientes con enfermedad cardiaca en estado final . El término enfermedad cardiaca en estado final, implica la presencia de falla cardiaca irreversible, sin opciones terapéuticas médicas. El éxito de los trasplantes ha generado largas listas de espera de candidatos, con riesgos variables de muerte súbita, antes o después de un trasplante cardiaco, así como de un deterioro a una condición clínica más urgente. Además, el número de pacientes enlistados cada mes es más alto que el número de pacientes que reciben un trasplante, lo que genera una grave situación y ha llevado a proponer modelos de distriubución de los donadores con el fin de mejorar la sobrevida del conjunto total de pacientes, obteniendo modestos resultados en estos intentos. Como si fuera poco, el trasplante cardiaco no es una opción para todos los pacientes, pues la selección de los mismos se hace sobre estrictos criterios, que junto con el escaso número de donantes, hacen menos accesible esta terapéutica.

    

Dadas estas condiciones, se han generado propuestas alternativas para el manejo de estos pacientes con falla cardiaca, como la cardiomioplastia. En nuestro país las circunstancias tienen otros agravantes, fundamentalmente de carácter económico, por los ingentes costos que representa la operación del trasplante cardiaco, y su muy exigente manejo postoperatorio.

     

Colombia cuenta con una de las mas avanzadas legislaciones en materia de trasplantes, por la "presunción de donación" que lleva implícito el Decreto 1172 del 6 de Junio de 1989.

 

Este decreto, de conformidad con el Artículo 2o. de la Ley 73 de 1988, presume la donación, "cuando una persona durante su vida se haya abstenido de ejercer el derecho que tiene a oponerse a que de su cuerpo se extraigan órganos o componentes anatómicos después de su fallecimiento, si dentro de las seis (6) horas siguientes a la ocurrencia de la muerte cerbral o antes de la iniciación de una autopsia médico-legal, sus deudos no acreditan su condición de tales ni expresan su oposición en el mismo sentido".

    

Hasta 1990 se habían realizado en Colombia 13 transplantes cardiacos, 12 por los trabajos conjuntos del Centro Cardiovascular Colombiano y del Hospital San Vicente de Paul en Antioquia  y uno efectuado en la Fundación Santa Fe de Bogotá. En el momento la constante labor de los grupos de la ciudad de Medellín ha permitido realizar alrededor de 30 trasplantes cardiacos, que a pesar de todo, no compensan de ninguna manera la cantidad de pacientes que se beneficiarían de este procedimiento. Respecto a los costos de este procedimiento en Estados Unidos el Estudio Nacional Cooperativo de Trasplantes estimó para el trasplante cardiaco un costo promedio de 12,578 dólares, que podía ascender hasta 60,000 dólares. (Aproximadamente 10,000,000 de pesos en promedio y hasta 48,000,000 de pesos en 1988).

    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4-CARDIOMIOPLASTIA

 

El viejo sueño de reemplazar el corazón por medio de un segmento muscular estriado de la misma persona ha sido posible gracias a múltiples avances en el conocimiento de la fisiología molecular del músculo voluntario periférico y su alteración estructural por medio de estímulos que lo convierten en elemento suficiente para transformarse en un verdadero sincisio.

 

Debe recordarse que el uso quirúrgico del músculo esquelético colocado sobre el corazón como una envoltura, fue reportado por primera vez por Leriche y Fontaine en 1933, en un artículo titulado: "Essai experimental de traitment de certains infarctus dy myocarde et de l'anéu visme du coer por une greffe de muscle sitié" .

    

En 1966 Petrovsky reportó el uso del músculo esquelético para cirugías reconstructivas cardiacas por aneurismas, abriendo nuevas posibilidades para esta técnica quirúrgica.

    

Katz observó varias similitudes bioquímicas entre las fibras lentas del músculo esquelético y las fibras del miocardio, al comparar los pesos moleculares de la miosina, la actina, la troponina y la tropomiosina, estudio que publicó en 1972. Posteriormente, Van Winkle y Etman demostraron cómo existían grandes similitudes en la ultraestructura del músculo cardiaco y el esquelético, incluyendo organelas tales como las mitocondrias, los túbulos transversos y el retículo sarcoplásmico .

 

 

 

 

 

 

En 1969 Salmons y Vrbova introdujeron la técnica de estimulación crónica, demostrando la habilidad del músculo esquelético para adaptarse a diferentes patrones de uso. Macoviak y cols., publicaron en 1981 un estudio que demostraba la factibilidad de elevar un colgajo del diafragma, con un pedículo neuro-vascular intacto e insertarlo en el ventrículo, mostrando además que al ser estimulado ya fuera en forma directa por la contigÜidad con el miocardio o por el nervio frénico el músculo desarrollaba tensión activa y engrosamiento de la pared .

    

En 1985 Carpentier y Chachques reportaron el primer caso clínico exitoso de cardiomioplastia, en una paciente de 37 años con un gran fibroma que comprometía ambos ventrículos e invadía el diafragma, esta existosa noticia fue publicada en 1985 .

   

En 1986 Magovern y cols, realizaron la primera cardiomioplastia en Estados Unidos, en el Allegheny General Hospital, en Pittsburgh, en una mujer con un aneurisma ventricular. Los estudios postoperatorios con talio y el Doppler mostraron una forma ventricular adecuadamente preservada y mejoría de la función ventricular a las seis semanas para el músculo sincrónicamente estimulado.

    

Desde entonces múltiples ensayos clínicos se han venido realizando, en diferentes centros en Europa, Estados Unidos y Suramérica, encaminados a valorar la utilidad de este procedimiento y a precisar sus indicaciones. Los beneficios clínicos de la cardiomioplastia no han sido tan dramáticos como se quisiera, sin embargo, dadas las limitaciones de los trasplantes cardiacos que ya mencionamos, así como el número importante de pacientes con falla cardiaca severa, la cardiomioplastia está llamada a establecerse, como una alternativa viable en pacientes seleccionados con falla cardiaca refractaria.

 

 

 

 

CONCLUSION

 

La falla cardiaca congestiva es un serio problema de salud, con graves secuelas por invalidez y altas tasas de mortalidad. Los conocimientos actuales señalan cómo en el desarrollo de la falla cardiaca tanto en la alteración miocárdica, como en la periférica, son múltiples los factores que intervienen y que han de ser tenidos en cuenta en la terapia.

    

Esta nueva comprensión ha mejorado las posibilidades de un manejo más racional, pero aún es insufiociente para considerar que se cuenta con la mejor forma de tratamiento médico, lo que hace necesario en algunos pacientes la aplicación de procedimientos quirúrgicos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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