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domingo, 11 de junio de 2000 8:42
En los últimos años casi todos los gimnasios, peluquerías y centros de belleza han incorporado lámparas de rayos UVA y prometen un bronceado instantáneo, intenso e inofensivo. Sin embargo, las investigaciones demuestran lo contrario. Las lámparas de rayos UVA también encierran riesgos
ALEJANDRA RODRÍGUEZ
Los tiempos y las modas cambian. Al contrario de lo que ocurrió hace un par de siglos, en los que tener una tez clara era símbolo de distinción, hoy en día las pieles morenas son, no sólo un síntoma de salud, sino un factor imprescindible a la hora de valorar el atractivo sexual. Estar blanco ya no se lleva tanto y lucir un cuerpo bronceado se ha convertido casi en una obligación estética y en toda una carta de presentación ante los demás. Por si fuera poco, esta imposición estética ya no se limita a los meses de verano.
Dado que casi nadie puede permitirse el lujo de estar tumbado al sol
diariamente, toda peluquería, salón de belleza o gimnasio que se
precie ha incorporado lámparas de rayos UVA que, según reza en
sus folletos publicitarios y anuncios en los medios de comunicación, nos
permiten cumplir con la norma de estar moreno todo el año sin necesidad
de exponernos al sol. Los encargados de los establecimiento que ofrecen estos
aparatos de bronceado artificial explican a la clientela que se agolpa
esperando su turno para tostarse, que estas máquinas proporcionan todos
los beneficios de la luz solar y ninguno de sus efectos dañinos.
Sus argumentos se basan en que las lámparas llevan incorporados filtros
muy potentes que eliminan las radiaciones ultravioleta de tipo B, que son las
que afectan a la piel en mayor medida y sólo dejan pasar los rayos
ultravioleta de tipo A (UVA), responsables de la pigmentación inmediata.
Sin embargo, la publicidad de estos artefactos miente o, al menos, dice una
verdad a medias.
Aunque es cierto que los rayos UVB son más peligrosos para la piel que los UVA, éstos no son inofensivos. A pesar de las advertencia de los especialistas que vienen insistiendo desde hace tiempo en que los rayos UVA están directamente relacionadas con las alteraciones del ADN celular, reacciones fotoalérgicas y fototóxicas, lesiones actínicas (precursoras de lesiones tumorales), el envejecimiento prematuro de la piel, la aparición de cataratas y, lo que es más preocupante, con el cáncer de piel muchos ciudadanos no hacen caso. De acuerdo con recientes estadísticas, los casos de melanoma el tipo de cáncer de piel más preocupante, y que es mortal si no se diagnostica a tiempose han triplicado en España en los últimos 20 años. Una situación que, según los especialistas de los National Institutes of Health (NIH , Institutos Nacionales de la Salud estadounidenses), no va a mejorar demasiado en los próximos años debido, en gran medida, al uso de estas máquinas que proporcionan un bronceado artificial.
Según un informe que acaban de publicar los NIH estadounidenses en los que se han referido algunos de los agentes cancerígenos más habituales, a pesar de que el melanoma siempre ha tenido mayor incidencia entre la población masculina, las mujeres muy pronto van a superar a los varones en este ranking. Algunas investigaciones han encontrado cierta relación entre los estrógenos y la protección natural frente a este tumor cutáneo. No obstante, la población femenina es la que más acude a los centros de bronceado artificial para tomar sesiones de rayos UVA y es precisamente este hábito el que puede hacer que las mujeres pierdan su escudo frente al melanoma.
Según la doctora Marie-France Demierre, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, en EEUU, «la mayoría de las usuarias de lámparas de bronceado se expone al mismo tipo de rayos que produce el sol», por lo que es lógico pensar que estos aparatos no son tan inofesivos como pueden parecer. Hace algunos años, la American Medical Association (AMA) ya recomendó a las autoridades federales de Estados Unidos ( FDA ) la prohibición de las lámparas de rayos UVA con fines cosméticos. Por su parte, la Clínica Mayo desaconseja el uso de este método de bronceado porque los rayos UVA, a pesar de parecer menos dañinos que los UVB, penetran en las capas más profundas de la piel y producen lesiones precancerosas (queratosis actínicas).
Finalmente, un editorial publicado en marzo en Archives of Dermatology reclamaba la realización de más estudios acerca de los riesgo de los métodos de bronceado artificial, ya que su número ha aumentado enormemente en los últimos años sin que se supiera el alcance real de sus efectos y todos los datos apuntan a que pueden producir grandes daños. Esta alarma está justificada, según afirman los especialistas porque en los próximos años se espera una especie de epidemia de cáncer de piel, enfermedades oculares y otros problemas asociados al uso de esta forma de adquirir un tono tostado de la piel.
En nuestro país la situación no es muy diferente. En enero de este año, la Real Academia Nacional de Medicina (RANM) celebró un curso en el que se expuso claramente la opinión de los expertos españoles sobre el bronceado con sistemas de rayos UVA. Según afirmó en el discurso inaugural el doctor Antonio García Pérez, dermatólogo miembro de esta institución, los rayos UVA con fines cosméticos no son recomendables y «deben proscribirse en las personas de piel clara que, además, sólo conseguirán resultados muy precarios, dado su tipo de piel». Asimismo, tampoco deben someterse a estas sesiones de bronceado artificial las personas que tengan un gran número de nevus, ya que éstos se han relacionado con un riesgo mayor de padecer melanoma.
Por otra parte, en la página web del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos de España se recomienda expresamente evitar los sistemas de bronceado artificial, ya que la luz que emiten estos aparatos pueden provocar quemaduras y, a largo plazo, causan el envejecimiento prematuro de la piel. Además, se reconoce que estas radiaciones aumentan el riesgo de padecer cáncer de piel. Seguidamente, se explica que el Ministerio de Sanidad y Consumo está elaborando un Real Decreto para establecer las condiciones que deben reunir las máquinas de rayos UVA, los centros que ofrezcan este servicio y la cualificación del personal relacionado con el bronceado artificial. No obstante, si este texto legal se incumple igual que ocurre con otros, como el Real Decreto de 1988 acerca de la prohibición de fumar en ciertos lugares, tales como transporte público, hospitales y lugares donde haya mujeres embarazadas, el ciudadano español va a tener que recavar mucha información acerca de los verdaderos efectos de los aparatos de rayos UVA y vigilar que no arriesga la salud a cambio de tostarse un poco.
Al parecer, y a pesar de las promesas de seguridad que hacen estos centros,
la realidad es que la mayoría de las lámparas que funcionan en
nuestro país no pasan los controles pertinentes y no están
reguladas de forma adecuada. De esta forma, con el paso del tiempo estas
máquinas suelen perder sus filtro protectores y empiezan a emitir
cantidades excesivas de rayos UVB (cuyos efectos nocivos se potencian con los
UVA). Incluso si sufren averías o su mantenimiento no es el correcto,
algunos de estos aparatos pueden empezar a producir radiaciones ultravioleta de
tipo C.
Estos rayos de longitud de onda corta normalmente no llegan a la tierra gracias
a la acción de la capa de ozono, pero si lo hacen (tal y como
ocurría con los primeros modelos de lámparas bronceadoras que
salieron al mercado en los años setenta) provocan quemaduras en la piel.
Por otra parte, tal y como denuncian los dermatólogos, el personal que
maneja estas camas, cabinas y lámparas suele carecer de los
conocimientos mínimos de fotobiología y dermocosmética. De
hecho, en muchos de estos centros improvisados de bronceado artificial, no se
advierte a los usuarios de que el color final dependerá de su fototipo
(no todo el mundo se bronceará intensamente por el hecho de someterse a
esta radiaciones) y que son necesarias varias sesiones para notar los primeros
resultados. Tampoco se hace un cuestionario básico acerca de los
medicamentos que puede estar tomando el cliente y que pueden ocasionar
reacciones fotoalérgicas y fotosensibilidad cutánea. Como tampoco
se le advierte de que la piel debe estar libre de perfumes, maquillajes y otros
cosméticos que pueden reaccionar negativamente ante los rayos UVA y
provocar quemaduras, manchas y otras lesiones. Incluso se permite que sea el
propio usuario el que decida cuánto va a durar cada sesión.
A pesar de todas las evidencias que deberían alertar a la población acerca de esta forma de broncearse, las autoridades sanitarias tienen ante sí una tarea muy difícil. Cada año por estas fechas comienzan las campañas de divulgación para prevenir los daños del sol y la incidencia de melanoma sigue aumentado. Quizá el tema del bronceado pertence a ese grupo de patologías y circunstancias, como la obesidad, la calvicie o la celulitis sobre las que es prácticamente imposible convencer a la población con datos científicos y contrarrestar la publicidad engañosa. Dos ejemplos: no existen cremas eficaces contra la celulitis, ni pastillas milagrosas para adelgazar, pero en cuanto sale un producto de estas características al mercado se convierte en un best-seller.
Por otra parte, según explican los dermatólogos, con las radiaciones ultravioleta ocurre algo similar a lo que sucede con el tabaco. Es decir, los daños no se notan inmediatamente, sino al cabo de los años. La frase que suelen pronunciar los especialistas es «la piel tiene memoria», para insistir en que cualquier agresión cutánea terminará por pasar factura. Hasta que llegue el Real Decreto que regule esta situación en nuestro país y, si a pesar de los riesgos, usted decide recurrir a estos procedimientos para adquirir un tono moreno en su piel, deberá seguir una serie de precauciones.
La Sociedad del Cáncer de Nueva Zelanda, un país donde el
cáncer de piel y otras patologías cutáneas se han
convertido en una preocupación constante (el agujero de ozono
está situado sobre este territorio), advierte que el cliente no tiene
manera de conocer si la máquina que está utilizando cumple con
las normas o no.
Por ello, aconseja los siguiente: - Si su fototipo es I o II no use rayos
UVA. Puede quemarse y no se bronceará. Aunque su fototipo sea más
alto, también puede quemarse. - Si está tomando medicamentos
asegúrese de que no son incompatibles con la radiación
ultravioleta. Pregunte a su médico. - No use rayos UVA si tiene nevus o
antecedentes familiares o personales de cáncer de piel. - No sobrepase
las 20 ó 30 seseiones anuales. Proteja los ojos con unas gafas
adecuadas. - Tome las sesiones con un intervalo de 48 horas. No tome el sol en
ese tiempo.
Dada la unanimidad de los especialistas a la hora de señalar los peligros de la luz ultravioleta (venga del sol o de las lámparas de rayos UVA), parece que la alternativa más segura para estar moreno en invierno son los autobronceadores. Estos productos llevan varios años en el mercado, aunque después de su lanzamiento inicial experimentaron cierto declive, ya que los resultados no eran del todo satisfactorios (daban un color amarillento o anaranjado, eran difíciles de aplicar, manchaban mucho y provocaban bastantes reacciones alérgicas). No obstante, estas cremas han mejorado y gracias a ellas, la piel puede adquirir un tono tostado en pocas horas sin necesidad de exponerse al sol o a los UVA artificiales. La dihidroxicetona (DHA) es la sustancia responsable de este efecto. Cuando la DHA entra en contacto con los aminos libres de las proteínas cutáneas se produce una reacción química que colorea la superficie de la piel sin necesidad de que se active el mecanismo de bronceado normal. En este proceso no interviene la melanina (el único protector natural del que dispone la piel humana para protegerse de la radiación ultravioleta), así que hay que tener en cuenta que estos autobronceadores no previenen las consecuencias nocivas del sol.
Por este motivo es aconsejable utilizarlos a la sombra y, en caso de que se vaya a tomar el sol, usar protección adecuada. Antes de aplicar un producto de este tipo es aconsejable exfoliar la piel para conseguir un color uniforme. Por el mismo motivo, debe ponerse especial atención en repartir el autobronceador de forma uniforme por todo el cuerpo (excepto las cejas y las manos). Esta tarea, antes complicada por la textura densa de las cremas, actualmente es más fácil, ya que estos productos están disponbles en geles y aerosoles. Después de aplicarlo, deben lavarse las manos y las uñas concienzudamente para evitar que estas zonas adquieran color.
Otra de las ventajas de los nuevos autobronceadores es que han reducido su potencial alérgeno, por lo que pueden ser utilizadas por personas de piel sensible. No es recomendable mezclar estos productos con maquillajes, perfumes, leches corporales ni otros productos cométicos para evitar alergias y cambios en el tono de la piel. En cualquier caso, los dermatólogos recomiendan que no se use estos productos durante todo el año.
Todos los peligros de los rayos solares se derivan de una exposición excesiva e irresponsable. Sin embargo, no hay que olvidar que el astro rey es una fuente de salud que, como ocurre con todas las demás, debe usarse adecuadamente para aprovechar todos sus beneficios. La luz solar ayuda a fortalecer huesos y músculos, mejora el estado de ánimo, aumenta la capacidad del sistema inmune para hacer frente a agresiones externas y es imprescindible para producir la vitamina D en el cuerpo (fundamental en el metabolismo del calcio). También previene el raquitismo en los niños y, finalmente, es beneficiosa en el tratamiento de patologías dermatológicas como la psoriasis o el acné (la PUVA terapia, aplicada por especialistas, mejora el estado de las lesiones, acelera la cicatrización y reduce la intensidad de la enfermedad). La clave para disfrutar del sol es, una vez más, la moderación. Las autoridades sanitarias repiten año tras año mensajes que, hasta ahora, han tenido poco calado en la sociedad. De hecho, nueve de cada 10 españoles saben que el sol provoca daños y que la manera de evitarlo es utilizar una protección adecuada. Sin embargo, sólo seis de cada 10 adoptan alguna medida preventiva que, la mayoría de las veces, resulta insuficiente.
Para evitar que tomar el sol se convierta en un peligro para la salud es
necesario tener en cuenta varios factores:
1. No todas las personas se broncean igual. Las de fototipo I y II (pelirrojas
o rubias, con los ojos y la tez muy clara) tienen tendencia a quemarse y a
enrojecer. Esto eleva su riesgo, ya que suelen ignorar la medidas
fotoprotectoras para adquirir un bronceado que no corresponde a su tipo de
piel. Por el contrario, las personas morenas suelen confiar demasiado en su
protección natural y también suelen cometer imprudencias.
2. Debe escogerse una crema solar con factor de protección de al menos
15 (mayor en el caso de los niños y personas muy blancas). Este
índice numérico no indica la dificultad para broncearse, sino el
tiempo que podemos estar expuestos al sol sin quemarnos. Debe extenderse el
producto generosamente por todo el cuerpo y repetir la operación cada
dos o tres horas o después de cada baño.
3. Debe evitarse la exposición en las horas centrales del día
(entre las 12 de la mañana y las cuatro de la tarde), porque durante
este tiempo los rayos son más agresivos. Los baños de sol deben
tener una duración progresiva. Es conveniente comenzar con unos 20
minutos e ir aumentado poco a poco.
4. Hay que tomar el sol sin maquillaje, perfumes y otros productos
cosméticos para evitar manchas en la piel y reacciones alergias.
5. Es necesario cubrir la cabeza con gorras y sombreros y usar gafas de sol
adecuadas.
6. Estas precauciones deben tomarse incluso en los días nublados. Aunque
la sensación de calor se reduce, con este tiempo la radiación
ultravioleta tiene los mismos efectos sobre la piel.
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