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DERECHO MEDICO

LA AUTONOMÍA COMO CASTIGO.

Prof. Dr. Fernando A. Verdú Pascual

Unidad Docente de Medicina Legal

Universitat de València

Últimamente no duermo excesivamente bien. En cualquier momento de mi inestable reposo, me veo asaltado por sueños, mejor pesadillas, que me hacen abrir los ojos sobresaltado.

Las oníricas ficciones tienen, más o menos, un argumento de fondo similar, aunque es sus planteamientos se muestran variables. Les voy contar una de ellas.

Soñé un día que tenía que emprender un viaje por vía aérea. No era un desplazamiento excesivamente largo, pero, como siempre, se había creado en mi una especie de desazón, que sólo concluía con el feliz aterrizaje en el punto de destino.

Una vez pasados los trámites previos , la azafata comenzó a realizar su trabajo informativo. Ya saben: ubicación de puertas y oxígeno de emergencia, uso de los chalecos salvavidas, etc.

Cuando hubo terminado, se retiró, cerrando la puerta que comunica con la cabina del Comandante de vuelo. Apenas lo hizo, se abrió de nuevo la puerta; en esta ocasión era la figura del Comandante la que emergía por el vano. Avanzó un poco por el centro del pasillo. Recuerdo que llevaba un montón de papeles en la mano. Al llegar al punto donde se encuentra el micrófono, lo tomó y se dirigió al pasaje:

"Señoras y señores, soy el Comandante Cervantillos. Vamos a comenzar, con su autorización, el desplazamiento desde Valencia hasta Madrid. Se trata de un vuelo que, normalmente, no tiene ningún tipo de complicación. Se realiza habitualmente volando a una altura de ocho mil pies y a una velocidad de novecientos kilómetros por horas. Sin embargo, existen otras alternativas de vuelo. Podemos hacerlo también volando a diez mil pies y a una velocidad de mil cincuenta kilómetros por hora o, por contra, disminuir la altura hasta los cinco mil pies y volar a seiscientos kilómetros por hora. Bien, usted dirá".

En ese momento fui consciente de que yo era el único pasajero del vuelo IK-3152. ¿Qué sería mejor?. ¿Ir más deprisa y más alto?. ¿Mas despacio y a menor altura?.

Para obtener más información, me dirigí al experto Comandante Cervantillos. Pregunté y me dijo: "Mire, señor usuario de línea aérea, todas las posibilidades tienen sus peligros. No le puedo ocultar que existe una pequeña posibilidad de que el viaje salga mal. Pueden haber fallos mecánicos, defectos en el combustible; hasta, remotamente, podemos ser alcanzados por un rayo en pleno vuelo"

Convencido de su aparente capacidad, me atreví a decirle : "Oiga, Comandante, ¿usted no es el experto que sabe, perfectamente, qué opción de vuelo es la mejor?. Por favor, dígame usted qué es lo que hay que hacer en este caso."

La respuesta me dejó desconcertado: "Lo siento, señor usuario de línea aérea, pero debe comprender que debemos ser respetuosos con su autonomía personal. Usted debe conocer todas las opciones de vuelo y posteriormente decidir qué es lo que quiere hacer. Además, todo lo tiene escrito aquí, en este papel. Las posibilidades de desplazamiento y los peligros a los que se va a ver expuesto. Léalo todo bien y después firme el documento. Porque además, si hay algún problema durante el vuelo y usted reclama, yo tengo que demostrar que le había dado información suficiente para que usted consintiera, autónomamente, en el vuelo a realizar".

Al final decidí hacer el vuelo habitual, a ocho mil pies y novecientos kilómetros por hora. Y todo salió perfectamente; llegué puntualmente y con mi equipaje . Pero, poco antes de despertar, recuerdo que pensé que, el Comandante Cervantillos y en general, los Comandantes de Vuelo, ya no me inspiraban la misma confianza.

Espero que el sueño que les he contado no se haga realidad, puesto que eso de decidir por uno mismo en todos los aspectos de la vida es algo que tiene ventajas e inconvenientes. Pero me temo que más de estos últimos.

Porque, vamos a ver: desde que me levanto hasta que me acuesto me veo obligado a ir tomando decisiones, de las que yo soy el único responsable. Cuando lo que tengo que decir no me afecta solamente a mi (como, por ejemplo, dónde pasar las vacaciones) como ya tienen capacidad para decidir, hablo con mis vástagos y adoptamos la decisión que nos parece mejor. Y esto lo hacemos todos los días, con respecto a muchas cosas y en un estado de tensión normal. Soy, pues, plenamente autónomo.

Pero lo que tendría mala sombra es que, en un estado de tensión exagerada, con miedo en el cuerpo, me tocara también decidir a mí sobre la mejor forma de volar. Creo sinceramente que los Comandantes de Vuelo son gente preparada. Lo único que les pido, cuando subo a un avión, es que estén en condiciones y que hagan las cosas todo lo bien que puedan. Y si aparecen avances en las técnicas de vuelo, para aumentar la seguridad, espero que las apliquen con la debida diligencia. Me parece bien, no obstante, que cuando entramos al avión se nos diga dónde están las salidas y como se usan los dispositivos de seguridad; es una forma de recordarnos que en todo vuelo hay peligro. Pero lo de elegir el vuelo me parece una exageración.

Además, me temo que si eso llegara a ser realidad, el siguiente paso podría ser que nos hicieran decidir también en cuestiones de salud.

Yo confío en los médicos. Y la verdad, no me imagino a mi mismo, con una patología cardíaca que precisa cirugía (con tensión, con nervios, con miedo a la muerte) decidiendo si prefiero que me hagan un by-pass con la técnica autógena de Fossbury-Camembert o con la más autóctona de Pérez-Oteiro y Gimbernau-Rubí.



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