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Se
denomina ictericia a la
coloración amarilla de la piel, mucosas y fluidos corporales producido por el
depósito de bilirrubina, y que es detectable clínicamente cuando sus niveles
plasmáticos superan los 2.3
mg/dl. Existe en estos casos pigmentación amarilla de la esclera.
En otros casos de coloración amarillenta de la piel, por ingesta de carotenos
(zanahorias, naranjas, tomates) no se produce esta pigmentación
escleral.
Esto es
porque existe una mayor afinidad de la bilirrubina por los tejidos elásticos, lo
que hace que la coloración sea más marcada en las zonas donde hay mayor
proporción de los mismos (conjuntiva ocular, piel de la
cara).
La
intensidad y la tonalidad del color varía desde el anaranjado hasta el verde
oscuro, y depende de la fracción predominante del pigmento y de sus niveles
plasmáticos.
La
ictericia es un signo siempre secundario a un trastorno del metabolismo de la
bilirrubina, y va enmarcado en un síndrome más amplio que corresponde a un
cuadro hemolítico, un cuadro hepatocelular o una alteración de
la vía biliar.
Del
80 al 85 % de la bilirrubina procede del catabolismo del hem que
proviene a su vez de la hemoglobina liberada en la destrucción fisiológica de
los hematíes en el sistema retículo-endotelial.
El 15
a 20 % restante proviene del metabolismo de otras moléculas que
contienen núcleos pirrólicos (porfirinas, mioglobina, citocromos, etc..). y de
circuitos intramedulares por eritropoyesis incompleta o
abortada.
La BR es
lipofílica, altamente citotóxica e insoluble en agua, no excretable en la orina.
Para obviar esto, una vez liberada del S.R.E. es ligada por la albúmina
en su transporte hasta el hepatocito (BR libre, indirecta o no
conjugada), donde se procede a su transformación en un compuesto
hidrosoluble y de menor toxicidad (Ver Fig
1).
El
hepatocito capta la BR desligada ya de la albúmina, en el polo
sinusoidal (por mecanismos desconocidos). No parece existir dintel
máximo de captación. El paso a través de la membrana es bidireccional,
pudiendo refluir hacia el sinusoide si se sobrepasan los mecanismos de fijación
en el citoplasma del hepatocito (Ver
Fig.2).
Desde
aquí hasta el REL son transportados por 2 proteínas transportadoras (proteína Z,
proteína Y o ligandina), donde por acción de la UDP-glucuronil-transferasa, se
une al ácido glucurónico procedente del UDPG activado y se forma el monoglucuronato de BR
(BR conjugada o
directa).
Este
compuesto se excreta a través de la membrana del polo canalicular en cuyo
paso es transformado en su mayor parte en diglucuronato de BR
(por mecanismos desconocidos).
Se
elimina con la bilis, y alcanza el intestino donde por acción de las bacterias
intestinales se hidroliza y se transforma en urobilinógeno, que es
en su mayor parte excretada por la heces. Una pequeña parte se reabsorbe para
ser eliminado por vía urinaria.
En los
distintos pasos metabólicos comentados, la BR compite con otras
sustancias (Ver
Fig. 4), tales como aniones orgánicos y determinados fármacos en su unión
con la albúmina plasmática o en el momento de la excreción del hepatocito, o
bien con los esteroides, colorantes o contrastes yodados en su transporte
citoplásmico por la proteína Y. Otros elementos como los barbitúricos tienen
efecto de inductor enzimático activando el proceso de
conjugación.

El
excesivo acúmulo de BR en plasma y tejidos puede deberse a un aumento en su
producción o a un defecto de su excreción.
CLASIFICACION
PATOGENICA DE LAS ICTERICIAS |
|
I)
POR AUMENTO DE PRODUCCIÓN DE BR A) Anemias
hemolíticas B) Shunts
hiperbilirrubinémicos |
|
II)
POR DEFECTO EN LA EXCRECION DE BR A) Sin
Colestasis: 1.-
Por déficits enzimáticos congénitos 2.-
Por defectos inducidos en el aclaramiento de BR por el
hepatocito B) Con
Colestasis: 1.-
Intrahepática 2.-
Extrahepática |
La causa
fundamental de la hiperproducción de BR
son las anemias
hemolíticas en cualquiera de sus tipos. Raramente se pueden deber al
catabolismo de la
hemoglobina procedente de una eritropoyesis ineficaz
o de otros shunts
hiperbilirrubinémicos. En estos casos, la capacidad de conjugación
del hígado se encuentra superada y el reflujo de BR libre hacia el plasma
aumenta sus niveles al ser imposible eliminarla por vía urinaria. Tanto la
urobillina como el estercobilinógeno se encuentran aumentados al ser mayor la
excreción de BR conjugada que llega al intestino. (Ver Fig.
3).

Se
acompañan de un síndrome hemolítico
que se caracteriza por anemia, aumento de los reticulocitos e hipersideremia,
disminución de la haptoglobina sérica y de la vida media eritrocitaria, además
de los caracteres propios de la entidad concreta que la determina. Raramente
cursa con niveles superiores a 5 mg/dl. En la eritropoyesis
ineficaz no hay disminución de la vida media
eritrocitaria.
En otros
casos, determinados esteroides compiten con la
UDP-glucuronil-transferasa disminuyendo la conjugación
(síndrome de
Lucey-Driscoll e ictericia por leche
materna), o bien determinados fármacos compiten con la BR
impiddiendo su transporte intracitoplásmico por la proteína Z. (Ver Tabla
2).
ICTERICIAS
POR DEFECTO EN LA EXCRECION DE BR SIN
COLESTASIS |
|
I.-
POR DEFICITS ENZIMATICOS CONGENITOS A) Defectos
en la conjugacición: -
Crigler-Najar I y II -
Gilbert B) Defectos
en la eliminación canalicular: -
Dubin-Johnson -
Rotor |
|
II.-
POR DEFECTOS INDUCIDOS EN EL ACLARAMIENTO
HEPATOCITARIO DE LA BR A) Defectos
en el transporte citoplásmico: -
Competitividad con la proteína Z: ·
Drogas ·
Contrastes
yodadsos B) Defectos
de la conjugación: -
Inhibición de la UDP-glucuronil-transferasa: ·
Síndrome
de Lucey-Driscoll ·
Ictericia
por leche materna |

Los
defectos en la
excreción de la BR se producen a distintos niveles. En primer lugar
una serie de defectos
enzimáticos congénitos pueden impedir o disminuir la conjugación de
la BR (enfermedad
de Crigler-Najjar y enfermedad de Gilbert) o bien su eliminación
del hepatocito hacia el colangiolo a través de la membrana (síndromes de Dubin-Johnson y
de Rotor). (Ver Tabla
2).
Las
ictericias más importantes de origen propiamente hepatobiliar son las colestasis, donde la
dificultad para la excreción de BR se incluye dentro de una estasis de toda la
secreción biliar.
El
defecto puede encontrarse bien a nivel del hepatocito, por lesión estructural
del mismo o por una alteración funcional sin lesión histológica aparente, o bien
a nivel de los canalículos y conductos septales (colestasis
intrahepática).
Finalmente
el impedimento al flujo biliar puede deberse a un obstáculo mecánico de diversa
índole en la vía biliar principal (colestasis
extrahepática). (Ver Tabla
5). (Ver
Fig. 5)

En esta
figura 5 se
aprecia como afecciones que alteran la función hepatocitaria en su citoplasma,
una vez superado el paso metabólico del retículo endoplásmico (1) en la
membrana canalicular (2) canalículo biliar (3) o vías biliares
secundarias (4) impiden la excreción de la BR con el resto de componentes
de la secreción biliar.
De la misma forma, obstáculos generalmente mecánicos en las vías biliares principales intrahepáticas (5) hepático o colédoco (6) impiden la salida de la bilis.
El
primer grupo constituye las colestasis
intrahepáticas. Ambos tipos se acompañan de un síndrome clínico y
analítico de colestasis, además del cuadro propio de la patología fundamental
que la condiciona.
El
síndrome
colestático consiste en un trastorno del flujo biliar que impide
total o parcialmente la llegada de la bilis desde el hepatocito al duodeno. Esto
se puede deber a un obstáculo anatómico (colestasis extrahepática o
ictericia obstructiva) o una secreción inadecuada de bilis por
enfermedad hepática.
En última instancia en el enfermo con síndrome colestático interesan 2 hechos:
1.-
Diferenciar si se trata de una colestasis intra o extrahepática, ya que
la primera es susceptible de tratamiento médico y la segunda precisa
inteervención quirúrgica.
2.-
Establecer las pruebas diagnósticas más adecuadas y la pauta más idónea a
seguir para lograr la máxima rentabilidad clínica con el míimo coste y riesgo
para el enfermo.
Así,
podemos establecer 3 etapas sucesivas:
La
utillización adecuada de los datos aportados por la clínica y el laboratorio
permite habitualmente establecer un diagnóstico de
presunción de colestasis intra o extrahepática en el 80-90 % de los
casos.
A pesar
de todo, las conclusiones diagnósticas no deben aplicarse de manera rigurosa,
dado que prácticamente todos los síntomas y signos pueden encontrarse en ambos
tipos de colestasis, por lo que el juicio debe ser de orientación pero no
definitivo (Ver Tabla 3)
(Ver Tabla
4).(Ver
Tabla 5)
|
CLINICA
DE LA COLESTASIS |
|
Por
regurgitación a la sangre de elementos que normalmente se excretan por la
bilis -
Ictericia -
Prurito -
Xantomas -
Xantelasmas -
Coluria |
Repercusión
hepática debido al estancamiento biliar
-
Hepatomegalia
y repercusión hepática secundaria |
Alteraciones
debidas a la falta de bilis en el intestino
-
Malabsorción -
Esteatorrea -
Déficit
de vitaminas liposolubles (ADEK) -
Alteraciones
óseas, Osteomalacia, osteoporosis -
Hipocolia,
acolia |
Hallazgos
clínicos de más valor en el Diagnóstico
diferencial |
Síntomas
propios de colestasis
-
Ictericia:
Forma
de comienzo y evolución -
Prurito:
Intensidad. Más severo en obstrucciones malignas y en
CBP -
Pérdida
de peso: Cuantía. Más severo en obstrucciones
malignas. |
Síntomas
propios de la afección causal
-
Estigmas
de hepatopatía crónica: arañas vasculares, ginecomastia, eritema palmar,
etc -
Hepatomegalia
dura y nodular: probable hígado tumoral. -
Dolor
cólico biliar: afecciones de las vías biliares -
Vesícula
palpable e indolora: obstrucción por debajo de la confluencia del cístico,
ampuloma, Ca páncreas- -
Dolor/plastrón
área vesicular: patología del colecisto -
Ascitis
consecutiva a hepatomegalia (otros síntomas de hipertensión portal) o de
origen neoplásico. Paracentesis diagnóstica. -
Fiebre/escalofríos.
Ictericias obstructivas sobre todo incompletas |
Respecto
a la forma de comienzo de la ictericia, en la hepatitis aguda
suele ser brusca y progresiva. En la coledocolitiasis, brusca y
oscilante. En las colestasis crónicas (como la CBP o la
colangitis esclerosante) son de progresión muy lenta. En las
neoplasias de la cabeza del páncreas, relativamente rápida.
Con
repecto al laboratorio (Ver Tabla
5), hay que subrayar que no existe ninguna prueba que permita diferenciar la
colestasis intra y extrahepática, y que el parámetro más útil para su estudio es
el aumento de la fosfatasa alcalina.
Las otras enzimas marcadoras de colestasis (5-nucleotidasa,
leucinaminopeptidasa, y GGT) no ofrecen en la práctica mayores
ventajas.
La
fosfatasa alcalina debe ser el pivote sobre el que gira el estudio
analítico de una colestasis valorando su aumento y correlación con otras
determinaciones, especialmente con la BR, transaminasas y
glutamiltranspeptidasa.
|
PATRONES
DE COLESTASIS |
Patrón
de colestasis extrahepática
-
FA
aumentada > 3 veces por encima de lo normal -
GOT
(AST) aumentada < 5 veces por encima de lo normal -
GPT
(ALT) aumentada < 5 veces por encima de lo normal |
Patrón
de colestasis intrahepática
-
FA
aumentada < 3 veces por encima de lo normal -
GOT
(AST) aumentada > 5 veces por encima de lo normal -
GPT
(ALT) aumentada > 5 veces por encima de lo normal |
La FA
puede tener otros orígenes (óseo, intestinal, renal, etc.), además del origen
hepático. Un aumento paralelo de la GGT hablaa favor de su procedencia hepática.
La valoración conjunta del aumento de la FA y de las transaminasas son de
utilidad para diferenciar la colestasis intra y extrahepática. Convencionalmente
se han establecido dos patrones orientativos (ver tabla
5).
Un
aumento importante de la FA con elevación discreta o nula de la bilirrubina
(colestasis
disociada) se encuentra habitualmente en la cirrosis biliar primaria
(CBP), granulomatosis hepática, hígado metastásico, obstrucción de uno de los
conductos hepáticos principales y, a veces, en las
coledocolitiasis.
Los
otros datos de laboratorio: anemia, leucocitosis, serología de las
hepatitis A, B y C, anticuerpos antinucleares, proteinograma, sangre oculta en
heces, etc., tienen también utilidad diagnóstica siempre que se valoren en el
contexto de cada caso particular.
En las
hepatopatías colestásicas es frecuente el alargamiento del tiempo de
protrombina, que se corige con la administración de vitamina k por
vía parenteral. (no se corrige en caso de disfunción hepatocelular grave, aguda
o crónica).
La
anemia es
frecuente en casos de hemolisis, eritropoyesis ineficaz, neoplasia, infecciones
crónicas o cirrosis. El aumento de la LDH, la disminución de la haptoglobina, y
la hemosiderinuria sugieren hemolisis.
La
leucocitosis (con
aumento de PMN) debe hacer pensar en hepatitis alcohólica, colangitis, hepatitis
tóxica, leptopirosis y enfermedades neoplásicas.
El
descenso de la ceruloplasmina y el
aumento de la cupruria y del
cobre en tejido hepático aparecen en la enfermedad de Wilson. La sospecha de
déficit de a1-Antitripsina se
confirma mediante su cuantificación en suero.
Los
anticuerpos
antimitocondriales son positivos en el 90 % de los pacientes con CBP,
y presentan elevación de la Ig M. Los pacientes
con hepatitis crónica autoinmune muestran a menudo positividad para anticuerpos
antinucleares, antimúsculo liso, o
antimicrosomas de
hígado y riñón, y elevación de la Ig G.
La
elevación de la a1-fetoproteína
es sugestiva del hepatocarcinoma. En los tumores de origen pancreático o
digestivo y en los colangiocarcinomas es común la elevación de otros marcadores
tumorales, como el antígeno carcinoembrionario (CEA) o el CA 19.9
(aunque este último podría elevarse también en procesos
benignos).
ETAPA
DIAGNOSTICA NO INVASIVA
La
introducción de los estudios isotópicos
dinámicos (HIDA, DIDA, etc) y sobre todo, de la Eco abdominal y el
TAC ha
supuesto un gran avance en el estudio de las colestasis.
Dada sus
limitaciones diagnósticas las exploraciones isotópicas solo se utilizan en
contados casos.
La
Eco por su fácil y rápida utilización, bajo coste, total inocuidad y
elevada rentabilida es el procedimiento aconsejado utilizar en primer lugar.
Permite apreciar la dilatación de la vía biliar en más del 95 % de los casos de
colestasis obstructiva extrahepática.
Puede
detectar el nivel de obstrucción en el 80 % de los casos y su causa en el 40 %.
Permite descubrir cálculos biliares que sean radiotransparentes. Es la
exploración de elección para el estudio de mujeres que puedan estar embarazadas.
En obesos las imágenes son de peor calidad.
El
TAC permite descubrir la dilatación de la vía biliar en más del 95 % de
los casos. Supera a la ecografía para localizar el nivel de obstrucción y su
causa. Es la exploración de elección de pacientes en los que la ecografía puede
ser inadecuada o se sospecha una neoplasia. Es menos sensible que la eco para la
detección de litiasis (sólo detecta las cálcicas). Riesgo de hioersensibilidad
cuando se utiliza contraste.
La
HIDA (gammagrafía con ácido hidroxiiminodiacético) o DISIDA
(gammagrafía con ácido disopropiliminodiacético) tienen peor resolución
anatómica, es más cara, poca sensibilidad si la bilirrubinemia es > 10 mg/dl.
Util en las colecistitis agudas, en la detección de fugas biliares
postoperatorias.
Como
resultado de la conjunción de estas 2 etapas se alcanzan 3 posibilidades
diagnósticas:
1.-
Presunción clínico-analítica y ecográfica de colestasis
intrahepática.
2.-
Hallazgos muy sugestivos o diagnósticos de colestasis
extrahepática.
3.-
Persistencia del origen
incierto de la colestasis.
En el
primer caso se procede directamente al tratamiento médico o se
recurre previamente a pruebas analíticas más específicas y/o a la biopsia
hepática con o sin laparoscopia.
En el
segundo y tercer caso, así como si persisten las dudas en una colestasis
etiquetada de intrahepática, se pasará a la etapa colangiográfica
que, de fracasar, podrá suplirse por las exploraciones condicionales o de 2ª
línea.
Esta
última etapa colangiográfica podrá obviarse en aquellos enfermos que requieran
intervención quirúrgica urgente, sobre todo si la ecografía establece el
diagnóstico correcto.
Tiene
como objetivo constrastar las vías biliares para su posterior estudio
radiológico. Actualmente la CPRE y la CTH con aguja fina
de Chiba son los procedimientos de elección en esta fase.
La
CIV aunque
tiene la ventaja de no ser invasiva, está muy limitada por su elevada frecuencia
de fracasos con hiperbilirrubinemias superiores a 3-4 mg/dl, además de
proporcionar habitualmente, en los casos positivos unos colangiogramas de
deficiente calidad y difícil interpretación.
La
Colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE), es una
técnica invasiva que tiene un 95 % de sensibilidad y especificidad en el
diagnóstico de la obstrucción biliar. Permite detectar el lugar y la
causa de la obstrucción en el 90 % de los casos. Puede ser terapéutica
(papilotomía, extracción de cálculos, colocación de drenajes biliares). El éxito
es del 80-90 %. Las complicaciones de la CPRE diagnóstica es de un 4,9 % y de la
CPRE terapéutica es de 3,8 % (las más frecuentes son pancretitis aguda 2.1 %,
colangitis 1.3 %, hemorragia 0.2 %, perforación 0.5 %).
La
Colangiografía transparietohepática (CTH), es equiparable a la
CPRE es cuanto a la eficacia diagnóstica, pero ofrece la posibilidad de realizar
drenaje biliar. Depende de que exista dilatación de la vía biliar.
Contraindicada en presencia de ascitis, coagulopatías o hidatidosis hepática.
Tiene un 5 % de complicaciones (peritonitis biliar, hemorragia, colangitis,
sepsis, neumotórax).
La
Biopsia
hepática debe realizarse sólo cuando se sospecha una enfermedad
hepatocelular difusa, o colestasis intrahepática de etiología no clara. Util en
la hepatitis alcohólica, la CBP, y en las enfermedades sistémicas hepáticas
(amiloidosis, sarcoidosis..), en hepatopatías por
fármacos.
BIBLIOGRAFIA
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2.-
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MIR de MFyC
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