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La nariz o apéndice nasal, es una eminencia en forma de pirámide triangular en la parte media de la cara; formada por huesos, cartílagos, músculos y piel; es hueca y posee dos agujeros en su parte inferior...
Pero curiosamente, la nariz se considera anatómicamente contradictoria por tres razones:
- tiene su raíz arriba en vez de abajo.
- tiene su dorso delante en vez de detrás.
- y tiene las alas abajo en vez de arriba...
NOTA BENE: Estos pensamientos y disquisiciones sobre dicho apéndice deberían tener mucho contenido, pero como hablar de contenido en referencia a las narices puede no ser demasiado elegante (y seguro que alguien lo tildaría de un poco sucio y algo gorrino), sólo hablaremos de ella y punto...
Ya veremos en qué queda todo...
Una de las figuras más marginales y extrañas de la literatura norteamericana, Ambrose Bierce, ya definió la nariz en su famoso "Diccionario del Diablo": "Ultimo puesto avanzado de la cara. Basándose en la circunstancia de que los grandes conquistadores tuvieron grandes narices, Getius, cuyos escritos anticipan la era del humor, llama a la nariz el órgano de la domesticación. Se ha podido observar que la nariz de una persona nunca se siente tan feliz como cuando está metida en asuntos de otras, razón por la cual algunos fisiólogos dedujeron que la nariz carece del sentido del olfato".
Notas sobre la fisionomía nasal:
Cuando
hablamos de una persona, a todos se nos representa su cara, faz o efigie,
de ella todos recordamos rápidamente sus ojos y su boca, pero
cuando vemos reproducciones de los rostros de los mayas, lo que más
nos llama la atención es su clásica morfología nasal.
Y la nariz, al igual que los ojos o la boca, pueden decirnos muchas cosas
de sus dueños y enseñarnos a conocer un poco a los demás.
Véanse si no, los "Apuntes para un Manual de Psicología"
de Enrique Jardiel Poncela:
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- Las narices largas significan abundancia de narices. - Con dos agujeritos, denotan vulgaridad. - Con dos agujeritos y lentes, miopía o vista cansada. - Cuando son cortas y chatas, señal de carácter tímido, y de aficción a los ejercicios físicos: carreras a pie, gimnasia sueca y periodismo. - Unas narices rotas indican cultivo del boxeo. - Las narices arrugadas, lo mismo pueden significar vejez que manía de olfatearlo todo. - Las narices respingonas denotan picardía. - Si son pequeñitas las narices, quiere decirse que los padres de uno eran muy ahorrativos. - Con pelitos en la punta, que el interesado se afeita solo y en casa. |
El pueblo en general se considera buen fisionomista y como tal intenta reconocer el caracter de las personas por los indicios físicos, intentando adivinar las aptitudes de los órganos ocultos mediante la observación de los signos visibles, pero esto ha servido en ocasiones para que popularmente se ridiculice o adule a los hombres al establecer una comparación entre el pene (con perdón) y el tamaño comparativo de la nariz.
Un antiguo adagio italiano decía que "Al nazzo cognoscete il cazzo", mientras que un poeta del siglo XVI escribió: A la nariz la dimensión se ajusta, de lo que a la mujer conviene y gusta" (paralelamente, y en el caso de las mujeres, se ha utilizado con este fin, el tamaño del pie).(Personalmente me gustaría conocer la opinión de Pinocho sobre el tema...)
En otras ocasiones el tamaño nasal asombra por muy
diversos motivos, siendo objeto de alabanzas o críticas:
| Nuestro querido don Francisco de Quevedo y Villegas realizó un sorprendente poema dedicado burlescamente a una nariz: |
"Erase un hombre a una nariz pegado; érase una nariz superlativa; érase una naríz sayón y escriba; érase un pez espada muy barbado. Era un reloj de sol mal encarado; érase una alquitara pensativa; érase un elefante boca arriba; era Ovidio Nasón más narigado. Erase el espolón de una galera; érase una pirámide de Egito; las doce tribus de narices era. Erase un naricísimo infinito, muchísima nariz, nariz tan fiera que en la casa de Anás fuera delito". |
| El autor teatral Edmond Rostand le daba la réplica en su famosa obra: "Cyrano de Bergerac", estableciendo una defensa cerrada de los apéndices nasales cuyo tamaño exceden al de la mayoría de los mortales... |
"¿Cómo? ¿Yo un chato igual que vos? ¡Eso nunca! Prefiero ser el más narigudo caballero, a no tener nariz. ¡Grande es la mía! ¡Enorme! ¡Gigantesca! ¡Colosal! Pero yo, de este apéndice nasal, siempre estuve orgulloso. Un narigudo es siempre un hombre bueno, cortés, leal, inteligente, agudo y de virtudes lleno. ¡No como vos, de inteligencia romo y en quien nadie repara ¡Largo de aquí, rufián de tomo y lomo, que ni nariz teneis en esa cara!". |
| Para los de nariz pequeña, diremos que popularmente la nariz
chata denota una persona mentirosa, violenta e inestable, lo que expresa
al decir que Con hombre chato, no tengas trato. Pero andaros con cuidado, que también a la Muerte se le llama "la Chata" y se dice que La Chata, mil planes desbarata. |
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De estas ideas, falsas en muchas ocasiones, podemos pasar al
tema de la supersticiones, donde la creencia popular también tiene
su opinión sobre el apéndice nasal:
En el tema
de los presagios, se piensa que un picor en la nariz indica noticias, la
llegada de una carta o que alguien especula sobre nosotros. Si el picor es
en el lado derecho, están pensando bien, pero si es en el
izquierdo, mal.
El por qué nos ha tocado tener la nariz así o asá
(como la de papá, como la de mamá, como la del cartero...),
es cosa que tiene que explicar la Genética, aunque otros puede que
tengan su opinión particular, como la sostenida por el Hermano Jean
en la obra de François Rabelais "Gargantúa y Pantagruel":
- ¿Cómo será -observó Gargantúa-
que el hermano Jean pueda tener tan hermosa nariz?
- Porque así
lo quiso Dios -repuso Grandgousier-; que El, en su divino arbitrio, nos
modela como los alfareros sus vasijas.
- Y como el monje Jean -añadió
Ponócrates- fue el primero en acudir al mercado de las narices,
adquirió las más bellas y grandes.
- Seguid si queréis
-adujo Jean-, pero, según la verdadera filosofía monástica,
habéis de saber que lo que decís se debe a que mi nodriza
tenía las tetas blandas y, hundiéndose en ellas mi nariz
como en manteca, fueron creciendo a su sabor, como crece la pasta con la
levadura. Las nodrizas de pechos duros hacen chatos a los chiquillos.
De los apaños nasales:
Cuando no se está
de acuerdo con la Genética, viene la Cirugía Plástica
para solucionar el problema. Curiosamente la operación más
solicitada en este campo y, a la vez, la más agradecida es la rinoplastia.
Esta operación se solicita las más de las veces por
simples motivos estéticos con el fin de reducir el tamaño
nasal tanto a lo ancho como a lo largo, aunque dicha operación
surgió de forma radicalmente opuesta ya que su origen fue puramente
plástico con el objetivo de reparar narices cortadas y modelar unas
nuevas.
El
cortar narices y orejas fue durante mucho tiempo una práctica
habitual muy extendida en la India, especialmente para castigar el robo
aunque en otras ocasiones era el resultado de la violencia conyugal por
parte de los maridos celosos. Esto supuso un buen material clínico
para intervenciones de cirugía plástica, llegándose a
realizar asombrosas reconstrucciones completas de la nariz con colgajos de
piel de la frente y creando las aletas a partir de piel modelada alrededor
de unos tibitos de madera que mantenían abiertas las fosas nasales.
En
Europa la falta de nariz era habitual debido a las guerras, los duelos
callejeros o la sífilis, pero prácticamente no se realizaban
reconstrucciones nasales completas y se optaba por el uso de decorativas
prótesis nasales de madera o cuero, aunque la gente pudiente las
prefería de oro o plata.
Cuando se reconstruían las
narices a partir de colgajos frontales, quedaba una fea cicatriz rojiza en
la frente que asemejaba a la señal que se marcaba con un hierro al
rojo vivo como castigo a ciertos crímenes; esta secuela hizo que la
gente se negara a este tipo de operación y que médicos como
el bohemio Gaspar Tagliacozzi se pusieran a pensar en nuevas posibilidades
terapéuticas. Tagliacozzi optó por utilizar primero la piel
de las nalgas, pero en vista de que a la gente le asqueaba y no deseaba
pasar de ser un "desnarigado" a ser un "caraculo", se
decidió finalmente a utilizar la piel del brazo con la que obtuvo
muy buenos resultados pero obligaba a una larga inmovilidad del sujeto
atrapado en un torturador arnés metálico.
Pero si nos dejamos de narices operadas y estudiamos su uso,
veremos claro su factor estético:
La nariz está
en el centro de la cara y es es una de las zonas hacia donde nuestra
atención, consciente o inconscientemente, se dirige. Además
es una de las partes de nuestra anatomía que más se
aproximan a las otras personas (hablando lógicamente de los órganos
sensoriales y dejando aparte glándulas y demás).
Por
otra parte, al ser un órgano tan llamativo, permite su decoración
artística con el fin de atraer más la atención sobre
ella. La nariguera es un adorno que se sujeta sobre el tabique
nasal o en las aletas de la nariz, realizado con muy diversos materiales
(madera, hueso, metal...) y pudiendo ser de muy variadas formas y tamaños.
Este objeto decorativo es todavía muy utilizado por diversos
pueblos de América, Asia, Africa u Oceanía. En Europa no se
ha utilizado dicho arminículo y parece ser que siempre se ha
preferido el dedo índice para sustituirlo, aunque las modas
actuales se están definiendo por el uso de anillos, pequeñas
piezas metálicas o diminutos cristales o piedras preciosas...
También si miramos alrededor de nosotros, a nuestra vida
social de cada día, enseguida nos daremos cuenta de que la nariz es
altamente expresiva, capaz de decir muchas más cosas que "atchisss"
o "moc-moc", y que la gente normal es capaz de expresar mucho
gracias a ella, lo que refiere con las siguientes frases:
| Meter las narices donde no le llaman. No ver más allá de las narices. No saber uno dónde tiene las narices. Darle a uno en la nariz. Estar hasta las mismísimas narices. Tener a uno montado en las narices. Tener a uno agarrado por las narices. Darle a uno con la puerta en las narices. Dejarle a uno con un palmo de narices. Hinchársele a uno las narices. |
Pero indudablemente la función principal de la nariz es recoger olores, aromas, fragancias, perfumes, emanaciones y vahos de todo aquello que nos rodea. Entre las pocas cosas que dejan de lado nuestro egoísmo y que todos están dispuestos a dar a los demás, nos encontramos con los efluvios generosos resultantes de nuestra fermentación intestinal, olores que hacen retorcerse el apéndice nasal. Este tema, considerado de mal gusto por algunos ha sido tratado por otros, como el dignísimo Quevedo, con cierto humor:
| "La voz del ojo que llamamos pedo, ruiseñor de los presos, detenida, da muerte a la salud más prevenida y el mismo Preste Juan la tiene miedo. Mas pronunciada con el labio acedo y del antro canoro despedida, con risas y con pullas da la vida, y con puf y con asco siendo quedo. Ríome del poder de los monarcas que se precian, cercados de tudescos, de dar la vida y dispensar las parcas. Pues en el tribunal de los gregüescos con aflojar y reprimir las arcas cualquier culo lo hace con dos cuescos". |
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| Una adivinanza popular infantil: "Entre dos peñas feroces, sale un hombre dando voces" |
Y ya introducidos en temas coprológicos, permitidme añadir un fragmento de comedia intitulada e inacabada que oí en mi juventud "Señor conde, ¿qué quereis c´agamos con los presos c´agarramos? - C´a galeras los mandéis. - ¿C´a galeras, señor conde? Mirad conde lo c´agais, que asustado me´ais." |
Bueeeno...
No nos desmandemos y terminemos aquí la cosa...Que como bien dice el refranero "El que huele, debajo lo tiene" y como así es la vida, dejemos de lado este tema perfumado... ya que nadie es digno de entrar en dicha materia, pues todos sabemos que "Dios da pañuelo a quien no tiene narices" y que "Bien huele, quien a nada huele".
Dr. Lorenzo Terrasa Nicolau
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